Página — Literatura Sin nivel (pág. 64)
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de Utajima, que iba quedando atrás, y en ese estado de contemplación comprendió por primera vez sus sentimientos.
Era un joven nacido y criado en aquella isla, a la que amaba más que a nada en el mundo, y sin embargo, ahora ansiaba abandonarla. Su deseo de marcharse era lo que le había impulsado a aceptar la oferta de un puesto de trabajo en el Utajima-maru que le hiciera el capitán.
La isla se perdió de vista y el muchacho experimentó una sensación de paz. Como nunca le había sucedido en sus travesías pesqueras diarias,ahora no tenía que pensar en que por la noche regresaría a la isla.
"jSoy libre!》, exclamó para sus adentros. Por primera vez se daba cuenta de que podia existir aquella extraña clase de libertad.
El Kamikaze-maru navegó bajo la llovizna. Yasuo y el capitán extendieron las esteras de paja en el camarote y se acostaron. Yasuo no había dirigido la palabra a Shinji desde que subieron a bordo.
El muchacho acercó la cara a uno de los portillos, a través del cual se deslizaban las gotas de lluvia, y a la luz que se filtraba por el cristal examinó el contenido del paquete de Hatsue. Era otro amuleto del santuario de Yashiro, una foto de la joven y una carta. Esta decía:
"A partir de hoy iré al santuario de Yashiro para rezar por tu seguridad. Mi corazón te pertenece. Cuídate y regresa sano y salvo,por favor. Te adjunto mi foto, de modo que pueda viajar contigo. Me la hicieron en el cabo Daio. Por lo que respecta a la travesía... verás,mi padre no me ha dicho nada, pero creo que debe de haber algún motivo especial que le haya decidido a reuniros a ti y a Yasuo en el mismo barco. Y de alguna manera intuyo un rayo de esperanza para nosotros. Por favor, no pierdas la esperanza, te lo ruego. Sigue luchando, por favor.)
Esta carta llenó de estímulo al muchacho. Se sintió fortalecido, y embargó todo su cuerpo la grata sensación de que la vida era hermosa y merecía la pena vivirla.
Yasuo seguía durmiendo. A la luz del portillo, Shinji contempló la fotografia de Hatsue. La joven se apoyaba en uno de los enormes pinos del cabo Daio y la brisa marina le arremolinaba la falda del blanco vestido veraniego y le acariciaba la piel. La idea de que él también había hecho lo mismo que hacía el viento en la fotografia reforzó todavia más su ánimo.
Reacio a apartar la vista de la imagen, Shinji había apoyado la foto en el borde del portillo empañado por la lluvia, y llevaba mirándola largo rato cuando detrás de ella se dibujó lentamente el contorno de la isla de Toshi a babor. Una vez más se esfumó el sosiego que le había envuelto durante breves momentos, pero la extraña manera en que el amor puede torturar el corazón con el deseo ya no era ninguna novedad para él.
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