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Página — Literatura Sin nivel (pág. 65)

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Página 65 de Antología literaria 3 · 2018
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Cuando llegaron a Toba había dejado de llover. Por los claros entre las nubes se filtraban rayos de luz plateada. El Utajima-maru, con sus ciento ochenta y cinco toneladas de desplazamiento, destacaba entre los numerosos pesqueros anclados en el puerto de Toba. Los tres hombres saltaron a la cubierta, centelleante bajo el sol después de la lluvia. Las brillantes gotas de lluvia seguían deslizándose por los mástiles pintados de blanco, y los imponentes botalones estaban plegados sobre las escotillas.

La tripulación aún no había regresado del permiso en tierra. El capitán condujo a los dos muchachos a su alojamiento, una cabina de ocho tatamis junto a la del patrón y directamente encima de la cocina y el comedor.Aparte de las taquillas y un pequeño espacio central cubierto con delgadas esteras de paja, no había nada más que dos conjuntos de literas dobles a la derecha y, a la izquierda, un juego de literas y un camastro separado para el primer maquinista. En el techo, como si fuesen amuletos, estaban fi jadas con chinchetas varias fotografias de actrices de cine.

A Shinji y Yasuo les correspondió el primer grupo de literas, a la derecha.El primer maquinista, el primer y segundo oficiales, el contramaestre, los marineros y los fogoneros dormían en aquel único y pequeño camarote, pero como alternaban las guardias, siempre habia suficientes literas disponibles en cualquier momento.

Tras mostrarles el puente, el alojamiento del patrón, las bodegas y el comedor, el capitán los dejó en el camarote de la tripulación para que descansaran.

Al quedarse solos, los dos jóvenes se miraron. Yasuo se sentía animado y decidió hacer las paces.

—Bueno, aquí estamos por fin los dos solos, y hemos de ser compañeros.En la isla han pasado muchas cosas, pero olvidémoslas y, a partir de ahora,seamos buenos amigos.

Shinji no pronunció palabra. Se limitó a demostrar su aceptación con un sonido gutural y sonrió.

Hacia el anochecer la tripulación regresó al barco. La mayoréa de los marineros eran de Utajima, y tanto Shinji como Yasuo los conocían de vista. Olían todavía a licor y bromearon con los recién llegados. Entonces les informaron de los hábitos cotidianos a bordo y les asignaron sus diversas tareas.

El barco zarparia a las nueve de la mañana. Shinji recibió el encargo de quitar del mástil la luz de fondeo a la mañana siguiente en cuanto amaneciera. La luz de fondeo era muy parecida a los postigos de una casa en tierra: apagarla significaba que el barco estaba despierto, de la misma manera que abrir los postigos que han permanecido cerrados por la noche significa que una casa está despierta.

Shinji apenas pegó ojo en toda la noche, y a la mañana siguiente se levantóantes de que saliera el sol y retiró la luz de fondeo mientras el ambiente iba volviéndose gris. La manana se iniciaba con una luvia brumosa y las farolas de Toba trazaban dos líneas rectas desde el puerto hasta la estación del ferrocarril.

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