Página — Literatura Sin nivel (pág. 69)
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El capitán decidió regresar a Unten. El viento convertia la lluvia en bruma, la visibilidad se redujo al cero absoluto y el regreso a puerto,prolongado durante seis horas, resultó extremadamente dificultoso.
Por fi n avistaron las colinas de Unten. El contramaestre, muy familiarizado con aquellas aguas, estaba a la mira en la proa. Rodeaban el puerto una serie de arrecifes coralinos que se extendian a lo largo de unos tres kilómetros, y el canal que se abría entre ellos, que ni siquiera estaba señalizado con boyas³,presentaba una gran dificultad a la navegación.
—jAlto!.. jAdelante!.. jAlto!.. jAdelante.!.
Comprobaban el avance una y otra vez y seguian adelante muy despacio.De este modo el barco cruzó el canal entre los arrecifes coralinos. Cuando lo dejaron atrás, eran las seis de la tarde.
Un bonitero se había refugiado entre los arrecifes. Los dos barcos se amarraron con varios cabos y entraron en el puerto de Unten navegando uno al lado del otro.
En el puerto las olas eran bajas, pero la intensidad del viento iba en aumento. Mientras el Utajima-maru y el bonitero seguía uno al lado del otro, los tripulantes utilizaron cuatro cabos, dos cuerdas y dos cables metálicos para unir las proas a una boya del tamaño de una habitación pequeña y se dispusieron a aguantar al ancla4 la tormenta.
El Utajima-maru carecía de equipo de radio y dependía exclusivamente de la brújula. Así pues, el operador de radio del bonitero les pasaba los informes que recibía acerca de la intensidad y el rumbo del tifón.
Cuando llegó la noche, cuatro hombres montaron guardia en la cubierta del bonitero, mientras que en el Utajima-maru eran tres los hombres destinados a vigilar. Su tarea consistía en observar las cuerdas y los cables, pues podian romperse en cualquier momento.
También les inquietaba la posibilidad de que la boya no aguantara, pero el peligro de que los cabos se rompieran era mucho mayor. Los hombres que hacían la guardia luchaban con el viento y las olas, arriesgando a menudo la vida para mantener los cabos mojados, temerosos de que pudieran deshilacharse si el viento los secaba demasiado.
A las nueve de la noche, un viento que soplaba a cien kilómetros por hora se abatió contra las dos embarcaciones.
Una hora antes de medianoche Shinji, Yasuo y un joven marinero se encargaron de la guardia. En cuanto salieron a cubierta, gateando, el viento los arrojó contra la pared, y la lluvia agitada por el viento les azotó las mejillas,punzante como si estuviera hecha de agujas.
Era imposible permanecer erguido en la cubierta, que se alzaba como un muro ante sus ojos. Todos los maderos del barco crujían y retumbaban. En el puerto las olas no eran lo bastante altas como para barrer las cubiertas, pero
3Boya: Cuerpo fotante sujeto al fondo del mar, de un lago o de un río que se coloca como señal. 4Aguantar al ancla: en náutica, se dice cuando la embarcación aguanta un temporal estando anclada o fondeada.
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