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Página — Literatura Sin nivel (pág. 79)

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Página 79 de Antología literaria 3 · 2018
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El espectáculo de la debilidad ajena puso fuera de sí a los indios.Venían preparados para sufrir la violencia y el alivio de no encontrar una amenaza fue pronto sustituido por la cólera, una cólera irracional, que queria encontrar en los actos su cauce y su justifi cación.

Barajustados, los varones se movian de un sitio a otro inquiriendo detalles sobre la llegada del desconocido. Rominka relató su encuentro con él. Era un relato incoherente en que la repetición de la palabra pukuj y las lágrimas y la suma angustia, de la narradora, dieron a aquel frenesí,todavía amorfo, un molde en el cual vaciarse.

Pukuj. Por la mala influencia de este que yacia aquí, a sus pies, las cosechas no eran nunca suficientes, los brujos comían a los rebanos, las enfermedades no los perdonaban. En vano los indios habían intentado congraciarse con su potencia oscura por medio de ofrendas y sacrificios. El pukuj continuaba escogiendo sus víctimas. Y ahora, empujado por quién sabe qué necesidad, por quién sabe qué codicia, había abandonado su madriguera y, disfrazado de ladino, andaba las serranias, atajaba a los caminantes.

Uno de los ancianos se aproximó a él. Preguntaba al caído cuál era la causa de su sufrimiento y qué vino a exigirles. El caido no contestó.

Los varones requirieron lo que hallaron más a mano para el ataque:garrotes, piedras, machetes. Una mujer, con un incensario humeante, dio varias vueltas alrededor del caido, trazando un círculo mágico que ya no podría trasponer.

Entonces la furia se desencadenó. Garrote que golpea, piedra que machaca el cráneo, machete que cercena los miembros. Las mujeres gritaban, detrás de la pared de los jacales, enardeciendo a los varones para que consumaran su obra criminal.

Cuando todo hubo concluido los perros se acercaron a lamer la sangre derramada. Más tarde bajaron los zopilotes4.

El frenesí se prolongó artificialmente en la embriaguez. Alta la noche,aún resonaba por los cerros un griterío lúgubre.

Al dia siguiente todos retornaron a sus faenas de costumbre. Un poco de resequedad en la boca, de languidez en los músculos, de torpeza en la lengua, fue el único recuerdo de los acontecimientos del dia anterior. Y la sensación de haberse liberado de un maleficio, de haberse descargado de un peso insoportable.

Pero la tregua no fue duradera. Nuevos espíritus malignos infestaron el aire. Y las cosechas de Mukenjá fueron ese año tan escasas como antes. Los brujos, comedores de bestias, comedores de hombres, exigian su alimento.Las enfermedades también los diezmaban. Era preciso volver a matar.

C

4 Zopilote: buitre negro americano.

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