Fragmento narrativo — escena de la plaza de armas (continuación)
Respuesta rápida
Página de contenido narrativo. Sin ejercicios formales. Temas: servidumbre, resistencia, poder, violencia doméstica implícita.
Solución — Página 75
Antología literaria 4 · 2020
Lectura
con lo delicadito que es. Corro lo más que puedo, segura de ganar, fuerte como soy, pero él es tan decidido que hace un gran esfuerzo y ya me pisa los talones.
Un trecho más arriba está la plaza de armas llena de gente paseando como en las retretas de los domingos. Hasta la medianoche se divierten aquellos ociosos. Es ahí donde mi patrón llama a sus amigos, hombres y mujeres, para formarme un cerco, me da el primer manotón y grita:
¡Atájenla! ¡Que no se vaya! ¡Yo la he comprado y no puede irse sin mi autorización!
Entonces lo miro fijamente, sintiendo que las palabras están de su lado y no me defenderán, y sé que los dos vemos a su mujer muerta en mi cocina y que esta vez no habrá salvación.
— Por favor, déjeme ir, le pido. — ¡De ninguna manera!, dice él. — Se lo ruego, señor... — ¡Nada, nada!
Y otra vez sé que él y yo vemos a su mujer muerta a mis pies en la cocina, sin que él me defienda ante los guardias.
— ¿Por qué no la mata usted solo y me deja en paz?, digo en voz baja. — No sé de qué hablas, mujer.
Entonces grito:
¿Por qué no la mata usted solo y me deja en paz?
¡Calla, animal!, grita a su vez, más fuerte que yo, para después llamar de nuevo a sus amigos: ¡Vamos, agárrenla entre todos!
¡Cuidado que me muerdas, campa!, dice el primero de ellos, y viene contra mí, cerrando el cerco.
Análisis literario
Tema central: Servidumbre, resistencia y violencia de poder. La protagonista es tratada como propiedad («Yo la he comprado»), lo que sitúa el relato en un contexto de explotación laboral o esclavitud doméstica en el Perú.
Conflicto dramático: La protagonista intenta huir; el patrón la acorrala públicamente, invocando su «derecho de propiedad» sobre ella ante testigos.
Recursos narrativos:
- Narración en primera persona: genera empatía inmediata con la protagonista.
- Diálogo directo: acelera el ritmo y muestra el desequilibrio de poder mediante el contraste de voces (súplica vs. negativa rotunda).
- Imágenes recurrentes: «mujer muerta en mi cocina» — trauma implícito que la protagonista y el patrón comparten como secreto.
- El cerco: metáfora física del encierro social y la falta de escapatoria.
- Italización del grito: ¿Por qué no la mata usted solo y me deja en paz? — recurso tipográfico para marcar el cambio de voz baja a grito desesperado.
Personajes:
- Narradora-protagonista: mujer en situación de servidumbre, valiente pero acorralada.
- El patrón: figura de autoridad abusiva que instrumentaliza el espacio público y sus amigos.
- Amigos del patrón: masa anónima que colabora en la represión.
Ambiente: Plaza de armas nocturna, llena de gente que se entretiene indiferente («aquellos ociosos»), subrayando el abandono social de la protagonista.
Preguntas que la gente también hace
¿Qué relación de poder existe entre la protagonista y su patrón?
¿Por qué el patrón afirma que 'la ha comprado'?
¿Qué papel juega la plaza de armas en la escena?
¿Qué secreto comparten la protagonista y el patrón?
¿Cómo expresa el texto la desesperación de la narradora?
- • Páginas anteriores del mismo relato (continuación)
- • Noción básica de narrador en primera persona
- • Contexto histórico-social de la servidumbre en el Perú
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 1318 caracteres
con lo delicadito que es. Corro lo más que puedo, segura de ganar, fuerte como soy, pero él es tan decidido que hace un gran esfuerzo y ya me pisa los talones.
Un trecho más arriba está la plaza de armas llena de gente paseando como en las retretas de los domingos. Hasta la medianoche se divierten aquellos ociosos. Es ahí donde mi patrón lama a sus amigos, hombres y mujeres, para formarme un cerco, me da el primer manotón y grita:
iAtájenla! iQue no se vaya! jYo la he comprado y no puede irse sin mi autorización!
Entonces lo miro fijamente, sintiendo que las palabras están de su lado y no me defenderán, y sé que los dos vemos a su mujer muerta en mi cocina y que esta vez no habrá salvación.
Por favor, déjeme ir, le pido.
jDe ninguna manera!, dice él.
Se lo ruego, señor...
jNada, nada!
Y otra vez sé que él y yo vemos a su mujer muerta a mis pies en la cocina, sin que él me defi enda ante los guardias.
iPor qué no la mata usted solo y me deja en paz?, digo en voz baja.
No sé de qué hablas, mujer.
Entonces grito:
iPor qué no la mata usted solo y me deja en paz?
jCalla, animal!, grita a su vez, más fuerte que yo, para después llamar de nuevo a sus amigos: jVamos, agárrenla entre todos!
jCuidado que me muerdas, campa!, dice el primero de ellos, y viene contra mí, cerrando el cerco.
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