con sus orillas tejidas de árboles y te quedaste fría, sintiendo que eso eras tú, que de ahí venías, pero que ya era imposible volver, y seguiste mirando con fuerza en los ojos, dispuesta a volar y meterte ahí, aunque el río se fue y te quedaste con sed, sin comprender que tu ama en la oscuridad estaba comiéndose la boca de ese hombre y que se abrazaban hasta hacer crujir las sillas. Esa casa no se llamó para ti como se llamaba la pelicula sino nada más que El rio, y varias veces volviste con tu ama y el hombre desconocido,pero jamás viste de nuevo caer la vela ni la mano apretando todos los cuellos, ni el río o sus árboles que habían muerto para siempre, dejándote sola.
Se llamaba La venganza de no se quién, de un nombre raro, digo.
Una noche, después de lavar las ollas y ensartar el trozo de carne en el alambre a la intemperie, tendiste en el suelo tu cama de pellejos donde no tardarías en morir hasta resucitar mañana bien temprano. Empezaste a cantar no sabías qué, una larga canción que te obligaba a repetir los sonidos y volver sobre ellos varias veces, quizá algo que duraría horas y días.De repente se abre la puerta y entra algo así como el monstruo con la vela encendida; coges el hacha de partir la carne y sin duda diste un grito. Tu viejo patrón estaba ahí con el lamparín de querosene y finalmente te arrollóy te dejó sin hacha, cogiéndote de los pelos:
jDónde está mi mujer? jTú lo sabes! ;Con quién va al cine?
jUy, señor, casi me muero!, grito yo también, y empiezo a temblar como si viera otra vez al condenado. El viejo me quería matar, sí, sí, y yo entonces...
Al salir ya te había tirado al suelo con un par de puntapiés, te dejóardiendo y latiendo el cuerpo con tanta fuerza que se te fue el sueño hasta la medianoche, cuando oíste gritar a la señora y nacieron otros ruidos salvajes allá en el dormitorio. Sonriendo, casi feliz de que a ella también la golpeara,te pusiste a dormir.
iYa quisiera, don! jCómo se sabe que usted no estuvo ahí!
Bueno, como sea, a la manana siguiente le tocó a la senora entrar en la cocina, transformada su cara preciosa por la tunda del viejo. jT'ú se lo contaste! jFuiste tú, campa del demonio!, chillaba, y se te fue encima. Por un rato pensaste en recoger el hacha, pero por la poca fuerza de sus manos cerraste la puerta para castigarla de arriba abajo, de atrás adelante, en medio de tantos pelos y ropas, tumbándola sobre tu cama de pellejos mientras lloraba como una criatura. Sabías que el viejo habia salido y así nadie podia robarte esa felicidad. Te olvidaste, claro está, de los vecinos que oímos sus gritos de auxilio y rebuscamos por toda la casa para dar con la pobre, que más lloraba de susto que de dolor. Así, por fin, te conocí de cerca. Te había visto desde el dia que legaste ahí al lado y siempre te miré con curiosidad, no lo niego.
jPor mi cabeza fea como un mate, por mis rayas pintadas en la cara,por mis piernas torcidas...?
No lo niego, porque eres campa y nada más, sin pensar en hacerte daño. Te veía comprar el pan, recibir la leche en tu olla o acompañar a tu
69