Lectura
Vínculos históricos
La denominación madija refiere tanto a la lengua como al pueblo. Estas entidades han sido registradas con otras denominaciones o con variantes en su escritura en la literatura: culina, kulinos, culino, kolina, kollina, kurina, kulino, kulina, colinas o kurinalos, curinos, corinos o kulinos, corina, kulína, kulyna y madihá (Altman, 1988; Branco, 1950; Chandless, 1869; Lagrou, 1991; Lewis, Simons y Fennig, 2015; Métraux, 1948; Silva, 1997; Tastevin, 1924, 1925, 1928).
La lengua madija integra la familia lingüística arawá y también presenta variedades lingüísticas correspondientes a las zonas geográficas de Perú y Brasil (Dienst, 2008; Lewis, Simons y Fennig, 2015; y Pozzi-Escot, 1998).
Siglo XIX: Los madijas habitaban el Alto Yurúa y sus afluentes, así como los ríos Envira y Tarauacá en Brasil (Chandless, 1869; Reich y Stegelmann, 1903). Vivían en conflicto con sus vecinos panohablantes, como los sharanahuas. Durante la época del caucho se refugiaron en los trechos más accidentados de los ríos (Yurúa, Curanja, Envira y Purús) para evitar ser esclavizados.
Primeras dos décadas del siglo XX: Los madijas estaban ubicados en los ríos Acuarawá, Muru, Alto Envira (ambas márgenes), Tarauacá, Gregorio y Paraná do Ouro en Brasil.
Década de 1940: Los grupos madijas ocupaban la margen derecha del Jurúa (Yurúa), en los ríos Marary y Alto Tapauá; también entre los ríos Erú y Gregorio, en el alto Muru y Envira, así como en los ríos Paraná de Ouro, Santa Rosa y Purús.









