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Colección Sk´asolil. Múltiples lenguajes.   Libro de Educación Secundaria Grado 2°  Ciclo Escolar 2025 - 2026

Página — Multiples Lenguajes 2° Secundaria (pág. 150)

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Al lado derecho de nuestra casa habia un terreno baldio lleno de yerbas que cubrian los cascarones de autos viejos y oxidados bajo las patitas de las ardillas que a mis hermanos y a mí nos gustaba ver por encima de la barda del balcón.

Al otro lado estaba la casa de Karla, una nina de mi edad que tenia dos hermanos, igual que yo. Su mamá, doña Mari, vendia tacos rojos por las noches, mientras su esposo se emborrachaba junto a otros señores en la vulcanizadora de la esquina.

Karla y sus hermanos iban a jugar a la casa muy seguido: a veces todos juntos, corriendo entre los patios conectados por un largo pasillo, y otras sólo Karla y yo, en el patio del frente, el más bonito y espacioso. Karla,delgada y casi transparente, pero con ojos muy oscuros, me enseñómuchos juegos nuevos. Por ella aprendí a sacar intactos los pasteles de lodo que se forman en la tierra cuando se agrieta después de que no ha llovido en varios dias. Nuestro secreto era mojarlos un poco, sólo poquito, para que no se hicieran polvo al separarlos de los otros y no se desmoronaran en nuestras manos. El agua refrescaba los pasteles del suelo y así podian salir completos, sin romperse aunque los arrancáramos de sus otraspiezas.

Un dia, cuando buscábamos en qué entretenernos después de repasar todos los juegos que sabiamos, arrancamos pequeños trozos de una planta en la jardinera del patio, una de tallos firmes con hojitas dispuestas en pares que se sujetaban a él y que, cuando las cortábamos, desprendian un liquido morado y espeso.

—Mira, las plantas también sangran —me dijo Karla con sus ojos eternos mientras dibujaba con los tallos rotos en el suelo, que se inundaba de esa tinta espesa y oscura.

—jSí es cierto, sangran!—contesté, aunque a mí la sangre me asustaba y sólo la habia visto aquella vez que me caí de la bicicleta y me abrí la rodilla. Una cicatriz que nunca se borró.

Karla restregaba los tallos en el suelo,lento, lento, y decia cosas que yo no podia escuchar bien, comoplaticando con ella misma, muy quedito. De pronto sus ojos perdidos soltaron unas lágrimas que escurrieron pesadas por sus mejillas blancas.

—jPor qué lloras?—pregunté asustada.—Mamá aveces sangra.Yo también, pero duele.

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