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Fue entonces que el pueblo ralámuli pensó en una posible solución: decidió que dos personas de la comunidad serían las encargadas de llamar a la lluvia.
La primera reunió hojas de pino y zacate para prenderles fuego; la segunda bailó y cantó yúmare durante toda una noche hasta que el humo de la fogata se convirtió en nubes.
Así, al tercer día de que se formaron las nubes, cayó la lluvia.









