En familia, imaginen por un momento a los padres y familiares de los 43 normalistas y piensen en los cinco interrogantes planteados.
¿Cómo se sentirían?
- Es una pregunta abierta de empatía: se trata de ponernos en el lugar de las familias.
- Respuesta orientativa: sentirían dolor profundo, angustia, impotencia y una enorme incertidumbre por no saber el paradero de sus hijos.
- También experimentarían rabia y tristeza ante la indiferencia de las autoridades.
Sentirían dolor, angustia, impotencia y rabia por la incertidumbre y la falta de respuestas.
¿Qué esperarían de la sociedad?
- Las familias afectadas necesitan una red de apoyo sólida y permanente.
- Esperarían solidaridad, empatía y que la gente se levante con ellos la voz para exigir justicia.
- Esperarían que no se olvide el caso y que se mantenga viva la memoria.
Esperarían solidaridad, apoyo constante y que la sociedad exija justicia junto con ellas.
¿Qué esperarían de los gobiernos?
- Se espera que el gobierno garantice los derechos humanos.
- Debería realizar investigaciones exhaustivas, transparentes y con resultados.
- Debería sancionar a los responsables y ofrecer acompañamiento psicológico y legal a las familias.
Esperarían justicia, investigaciones claras, castigo a los culpables y acompañamiento a las familias.
¿Cómo se puede erradicar la violencia en el lugar donde viven?
- El educar implica analizar permanentemente las actitudes propias y de los demás.
- Hay que reconocer la discriminación, el racismo y todas las formas de violencia en la familia, la escuela, el trabajo y la comunidad.
- Se debe promover el diálogo, la denuncia ante las autoridades y programas de prevención en la comunidad.
Analizando las propias actitudes, promoviendo el diálogo, la denuncia y programas de prevención en familia, escuela y comunidad.
¿Por qué es importante conocer sobre la violencia?
- Conocer la violencia permite reconocerla cuando ocurre.
- Solo identificándola se puede prevenir y erradicar.
- Además ayuda a construir relaciones respetuosas y a exigir justicia.
Porque solo al reconocerla se puede prevenir, combatir y construir una convivencia respetuosa.








