Una tragedia que no debe repetirse en la comunidad escolar
A las 13:14 del 19 de septiembre del ano 2017 se registró un sismo de magnitud 7.1 Richter. El epicentro se localizó entre los estados de Puebla y Morelos, a una profundidad de 57 kilómetros, y a una distancia de 120 kilómetros de la Ciudad de México. Uno de los ámbitos con mayores afectaciones tras este sismo fue el sector educativo, principalmente en Morelos, Puebla, Estado de México,Tlaxcala y la Ciudad de México, donde se contabilizaron de forma preliminar 3983 planteles educativos danados (Garcia et al, 2019). En el caso de la Ciudad de México, datos del Instituto Belisario Domínguez permitieron identificar que hubo 837 escuelas con daños menores, 121 requerian reconstrucción parcial y 20 reconstrucción total.
Referente a las escuelas que requirieron reconstrucción total, destacan dos casos.El primero, el Instituto Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México,donde ocurrieron cinco decesos y hubo 40 heridos debido al colapso de dos puentes internos que estaban mal construidos. El segundo, se presentó en el colegio Enrique Rebsamen, donde fallecieron 19 ninos y siete adultos (Allier,2018; Lutz, 2019; Soriano, 2023). Las madres y los padres de los ninos fallecidos dentro del colegio Rebsamen afirmaron que "a sus hijos los mató la corrupción,no el sismo". Sus muertes fueron resultado de la impunidad por parte de los Directores Responsables de Obra (DRo), sobornados para autorizarla (Solis, 2017;Vela, 2022).
183150
灾
