Las invasiones de los siglos Ii y iv fueron permanentes: al mismo tiempo que el imperio luchaba contra las invasiones de los francos y los visigodos que habían avanzado a lo que hoy es Espana y Francia, los vándalos, junto con otros pueblos, entraron también a Espana y finalmente decidieron cruzar a Africa. En el norte, escandinavos, anglos y sajones ocuparon la Gran Bretana, por lo que dejaron el lugar sin infuencia romana. Lentamente, estos pueblos fueron estableciéndose y ganando control territorial al Imperio romano. La misma península itálica fue invadida por algunos grupos, lo que aumentó la amenaza a Roma y, por ende, al imperio, aunque por entonces los emperadores también ya eran descendientes germánicos.
Roma no cayó en un dia: fue un largo proceso que llevó a su fragmentación en dos partes. Posteriormente, una extensa crisis en la región occidental fue desgastando su poder. Si bien en la caida del Imperio romano de Occidente inffuyeron las invasiones, éstas no fueron la única causa de su declive, pues los problemas que desde hacia siglos arrastraba minaron poco a poco su poder y debilitaron su estructura.
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