Las enfermedades también provocaron el descenso de la población nativa, ya que la propagación de infecciones como la difteria y la viruela redujo su número al no tener un sistema inmunológico preparado para las enfermedades traidas por los europeos. Al saber esto, Jeffrey Amherst propuso, en 1764, regalar a los pueblos nativos cobijas infectadas con viruela para que murieran y dejaran de atacar a las colonias.
La relación entre los nativos y los colonos británicos evidenció las diferencias entre sus culturas. En un principio fue una interacción comercial y en algunos casos de solidaridad, con la ensenanza de la siembra de ciertos productos. Sin embargo, cuando los puritanos buscaron imponer su visión del mundo, el contacto entre ambas partes se volvió hostil, debido a que tanto las poblaciones nativas como los colonos buscaban la manera de someter, expulsar o exterminar a los contrarios, con la intención de mantener o establecer su propia hegemonia en distintos aspectos de la vida.
La estructura social en las Trece Colonias
La vida social de los colonos europeos que llegaron a residir a Norteamérica giraba en torno su religión predominante, el protestantismo, sistema religioso basado en un conjunto de creencias cristianas diferentes a las del catolicismo. Además, en las colonias norteamericanas, la educación y la construcción de escuelas se volvieron elementos fundamentales porque los puritanos forzosamente debian saber leer la Biblia.
Debido a que la educación era muy importante para los puritanos, en las colonias se estableció que en los asentamientos con más de cincuenta viviendas era necesario construir una escuela. Además, la educación elemental no fue la única a la que se le dio importancia, pues también se construyeron universidades para que la población continuara con sus estudios, como la Universidad de Harvard en Massachusetts (1636) y la Universidad de Yale en Connecticut (1701).
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