En el centro del altar suele ponerse un montículo de tierra, una tinaja de agua y una cruz maya que representa a la ceiba que conecta la tierra con el cielo y el inframundo.Estos son los tres niveles que componen el mundo visible y no visible para la cosmovisión maya: en el cielo habitan los astros y el sol, junto con diversas deidades. El inframundo es un lugar húmedo donde habitan los muertos,mientras que la tierra es el lugar de equilibrio donde viven los seres humanos en contacto con los otros dos niveles.
En el altar maya circular se agrupan fores, mazorcas,calabazas, frutas, chiles, chayotes y demás productos de la milpa segun su color para demarcar los puntos cardinales.Cada una de estas orientaciones y los colores que se les asocian tienen signifi cados específi cos:
El color rojo, al oriente, es donde nace el sol y representa la sangre de los seres humanos, tanto de los vivos como de los ancestros.
E color negro, al poniente, es el descanso y el fin de la vida. Se relaciona con la madre luna y representa los cabellos y los ojos de las personas.
cdEl color amarillo, hacia el sur, se vincula con la abundancia y la fertilidad. Simboliza los frutos de la tierra que sirven de alimento.
El color blanco, al norte, se asocia con el frio y el peligro,también con los huesos y la sabiduría de los antepasados.
Las velas en el centro suelen ser de colores azul y verde para representar el corazón del cielo y de la madre tierra y se relacionan con los niveles superior e inferior del cosmos.
Para los pueblos mesoamericanos, antiguos y contemporáneos, el trabajo en la milpa a lo largo del ciclo agrícola se relaciona con las condiciones climáticas en cada época del ańo,con el proceso de crecimiento del maiz y de las otras plantas cultivadas y con la comunicación con las entidades no visibles que protegen y regulan todo lo relacionado con la milpa.
En la tabla se observa el calendario agrícola y sus festividades. En ella, se muestran las etapas del ciclo agrícola para el pueblo mexica y algunas de las ceremonias que se realizaban en él, como lo registraron algunos de los frailes evangelizadores gracias a sus informantes indigenas en el siglo xvI.
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