Cultura chavín (1000-200 a. n. e.). Se desarrolló en los valles andinos del centro de Perú. Fue una sociedad de clases, sacerdotes y guerreros que acumularon recursos naturales, mientras que las clases inferiores eran obligadas a producir más. La ciudad más importante fue Chavín de Huántar, donde se construyeron grandes edificaciones en honor a los dioses, lo que la convirtió en un importante centro ceremonial que atrajo a personas de diversas partes del mundo andino. Los habitantes de la cultura chavín tenían una agricultura muy desarrollada. El maiz fue su principal fuente de alimento, seguido de la calabaza, el frijol, la papa y el cacahuate. En cuestiones de ganaderia, domesticaron a la llama y a la alpaca.
Cultura paracas (700 a. n. e.-200). Surgió en el litoral sur de Perú. Esta cultura estuvo influenciada por la cultura chavín, lo que se refejó en su vida religiosa y su gobierno teocrático en manos de sacerdotes. Fue una sociedad muy destacada por su arte textil, sus momias y por la trepanación, es decir, realizar un agujero en el cráneo para curar fracturas y tumores, así como por un notable proceso de adaptación al medio a través del riego y la gestión del agua. Esta cultura se desarrolló en una de las zonas más desérticas de la costa peruana, donde no hay luvias y los ríos eran temporales; no obstante, dominaron el desierto y convirtieron la zona árida en verdes valles, gracias a la práctica de la irrigación.Supieron gestionar la escasez del agua superficial, aprovechando la subterránea por medio de pozos. Otra innovación de la cultura paracas fue el uso de excremento de las aves para abonar la tierra.Sus principales cultivos fueron el algodón y el maiz.
Cultura mochica o moche (100-700). Se estableció en la costa norte de Perú. Tenía una organización política compleja: la administración politica, el culto y la religión estaban fuertemente vinculados, de manera que cada gobernador era también un sacerdote o una autoridad religiosa. Existían las clases sociales,las cuales se veian refejadas en la calidad de las ofrendas en los entierros. Sin duda, el ejemplo más notable de enterramiento es el denominado Senor de Sipán, un gobernante del siglo I cuya tumba es considerada la más rica en América por la calidad de joyas y ornamentos que conforman el ajuar funerario. Junto al entierro principal, se encontraron restos de otros ocho individuos: tres mujeres, cuatro hombres y un nino, así como dos llamas y un perro. Los artesanos mochicas trabajaron la metalurgia, la pintura mural, las esculturas de madera y especialmente la cerámica, la cual debido a su calidad es considerada una de las más finas del mundo, lo que también ha generado un tráfi co ilegal de estas unidades. Las piezas cerámicas eran principalmente vasijas con formas de caras humanas de un alto realismo y por lo general eran depositadas en las tumbas.
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