Desafortunadamente, esta diversidad de cultivos se encuentra en riesgo de desaparecer por las politicas publicas que impulsan el uso de granos mejorados (híbridos), lo que ha desplazado a los maices nativos y obligado a los campesinos a que abandonen las prácticas de protección biocultural de sus granos y su uso cultural.
La milpa es un espacio de trabajo, de convivencia, de conocimiento familiar y comunitario. Estos saberes de los antiguos pobladores se conservan y son la herencia espiritual que perdura y mantiene viva la esencia cultural en las comunidades y los pueblos originarios.
Ceremonias y discursos de petición, permisos y agradecimiento a las entidades y deidades de la naturaleza, relacionadas con la siembra y la cosecha del maíz
Antes de preparar el campo de cultivo para la siembra del maiz, los pueblos indigenas acostumbran realizar ceremonias en honor a las entidades o deidades de la naturaleza. Estas prácticas siguen vigentes y son un elemento de identidad importante que denota el vínculo tan especial y cercano que tienen con la vida natural y el alimento que provee.
En algunas regiones (como Los Altos, Chiapas) se acostumbra llevar a cabo una ceremonia de protección de semilla, conocida como la mixa del maíz. Este tipo de ritos se realizan en algunos sitios sagrados con el fi n de obtener una abundante cosecha.Pueden hacerse en un cerro, una cueva, un árbol, un manantial,una roca o en una iglesia católica. En estas ceremonias no faltan la música y la comida tradicionales, la bebida sagrada (aguardiente) y la persona encargada de elevar la petición de buena cosecha. En algunas regiones tienen elementos bien definidos para efectuar estas ceremonias: la vela, el incienso, las fores para adornar el lugar y la vestimenta tradicional de la región.
La persona encargada de pronunciar el discurso de petición debe ser adulta, haber cubierto todos los cargos tradicionales de la comunidad y poseer conocimientos sobre la siembra del maiz.
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