Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 25)
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puertecita centrada. El doctor Trifulgas se apresura tanto como se lo permite la ráfaga. La puerta está entreabierta; no hay más que empujarla. La empuja, entra, y el viento la cierra brutalmente tras él. El perro Hurzof,fuera, aúlla, callándose por intervalos, como los chantres entre los versículos de un salmo de las Cuarenta Horas.
jEs extraño! Diríase que el doctor ha vuelto a su propia casa. Sin embargo, no se ha extraviado. No ha dado un rodeo que le haya conducido al punto de partida. Se halla sin lugar a dudas en Val Karniu, no en Luktrop.No obstante, el mismo corredor bajo y abovedado, la misma escalera de caracol de madera, gastada por el roce de las manos. Sube, llega a la puerta de la habitación de arriba. Por debajo se filtra una débil claridad, como en el Seis-Cuatro.
;Es una alucinación? A la vaga luz reconoce su habitación, el canapéamarillo, a la derecha el cofre de viejo peral, a la izquierda el arca ferrada donde pensaba depositar sus ciento veinte fretzers. Aquí su sillón con orejeras de cuero, allí su mesa de retorcidas patas, y encima, junto a la lámpara que se extingue, su Códex, abierto en la página 197.
—Qué me pasa?—murmura.
iQué tiene? jMiedo! Sus pupilas están dilatadas, su cuerpo contraido.Un sudor helado enfría su piel, sobre la cual siente correr rápidas horripilaciones. jPero apresúrate! jFalta aceite, la lámpara va a extinguirse, el moribundo también!
jSi! Allí está el lecho, su lecho de columnas, con su pabellón tan largo como ancho, cerrado por cortinas con dibujos de grandes ramajes. ;Es posible que aquella sea la cama de un miserable hornero?
Con mano temblorosa, el doctor Trifulgas agarra las cortinas. Las abre. Mira. El moribundo, con la cabeza fuera de las ropas, permanece inmóvil, como a punto de dar su último suspiro. El doctor se inclina sobre él..
jAh! iQué grito escapa de su garganta, al cual responde, desde fuera, el siniestro aullido de su perro! jEl moribundo no es el hornero Vort Kartif.! jEs el doctor Trifulgas...! Es él mismo, atacado de congestión: jél mismo! Una apoplejía cerebral, con brusca acumulación de serosidades en las cavidades del cerebro,con parálisis del cuerpo en el lado opuesto a aquel en que se encuentra la lesión.jSi! jEs él quien ha venido a buscarlo, por quien han pagado ciento veinte fretzers! jEl, que por dureza de corazón se negaba a asistir al hornero pobre!
jEl, el que va a morir! El doctor Trifulgas está como loco. Se siente perdido. Las consecuencias crecen de minuto en minuto. No solo todas las funciones de relación se están suprimiendo en él, sino que de un momento a otro van a cesar los movimientos del corazón y de la respiración. Y, a pesar de todo, jaún no ha perdido por completo el conocimiento de sí mismo!
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