Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 140)
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profundo, también su odio. Vergienza, rabia, angustia..; no sé bien lo que sentí entonces. Me levanté, vacilante, y me acerqué a él:
—Takejiro —le dije—, después de lo sucedido, no podría seguir viviendo contigo. He decidido matarme, pero... pero tú también debéis morir.Visteis lo que me ha hecho: no puedo dejaros vivir.
Hube de hacer un gran esfuerzo para decirlo. Pero él seguía mirándome sin inmutarse. Sentí que mi corazón latía con violencia. Busqué afanosamente la espada de mi marido. En vano; por lo visto, el bandido habia robado sus armas. Fue una suerte que allí cerca encontrara mi punal. Sosteniendo el arma en alto, volví a decirle:
—Ahora, dadme vuestra vida. Yo os seguiré inmediatamente.
Al escucharme, movió apenas los labios. Con la boca llena de hojas, no podia articular palabra. Sin embargo, con solo mirarle adiviné su voluntad.Con profundo desprecio me decía: 《Matadme》. Sin poderme dominar, enloquecida, clavé la daga en su pecho, a través del kimono de color lila. Volví a desvanecerme. Cuando tiempo después me recobré, mi marido había muerto. Un rayo del sol poniente, fi ltrado a través del follaje, iluminaba su rostro sin color. Llorando, quité las ataduras de aquel cuerpo. Después... No tengo fuerzas para narrar lo que me tocó vivir después. Hice todo lo posible para darme muerte; clavé el puñal en mi garganta, me arrojé al lago, cerca de la montaña; pero todo en vano. Heme aquí, frustrados mis intentos, soportando el peso agobiador de mi deshonra. [Sonrie tristemente.]
Es de creer que a una mala mujer como yo, hasta por la misma Bodhisattva, le sea negada la piedad.
En fin yo, que maté a mi esposo, que fui violada por un bandido, iquédebo hacer? iQué es lo que yo... yo..? [Estalla de pronto en violentos sollozos.]
Versión del muerto narrada por la médium
—Después de violar a mi mujer, el bandido se sentó junto a ella y le habló, tratando de consolarla. Naturalmente, yo no podia hablar; estaba atado al tronco del cedro, amordazado. Sin embargo, intentaba decirle con los ojos una y otra vez: No creáis a ese canalla, es mentira todo lo que dicey. Pero ella, sentada con las piernas recogidas, sobre las hojas de bambú, se miraba las rodillas con obstinación. Esa actitud me hizo suponer que estaria escuchando las palabras del hombre. Los celos me torturaban.
El bandido, hábil en la conversación, le hablaba de una cosa y otra,hasta que llegó a proponerle con el mayor descaro: 《Ya que has sido injuriada en tu honor, no puedes seguir junto a tu esposo. A cambio de eso, y puesto que ya no serán felices, ino prefieres ser mi mujer? Fue el amor que me inspiraste lo que me llevó a cometer tal violencia contra ti>.
Mi mujer le escuchó fascinada y alzó la cabeza. Nunca la vi tan hermosa como en ese momento. Pero, iqué respondió ante su mismo esposo,
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