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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 138)

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Página 138 de Antología literaria 5 · 2019
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A la entrada del bosque hay bambúes solamente, pero a cierta distancia existe un lugar más despejado con algunos cedros. No podia haber sitio más apropiado para el logro de mi propósito. Abriéndome camino a través de los bambúes, engané al hombre diciéndole que las piezas estaban ocultas al pie de un cedro. El apresuró los pasos hacia unos cedros que se divisaban entre los bambúes. Caminamos aún algo más, y llegamos al lugar senalado.

En un segundo, lo ataqué y lo derribé. Aunque el hombre llevaba katana y era bastante vigoroso, al ser tomado por sorpresa y atacado por la espalda nada pudo hacer para evitarlo. Lo até sin demora al tronco de un cedro. jDónde conseguí las cuerdas? Gracias a que soy ladrón siempre las llevo, por si me veo obligado a escalar algún muro. Naturalmente; es fácil impedir que el otro grite si se le llena la boca con hojas de bambú.

Terminada mi tarea con el hombre, volví en busca de la mujer y le dije que fuera a reunirse con su marido, que se había indispuesto repentinamente. Demás está decir que el plan tuvo éxito. La mujer, que se había quitado el ichimegasa4, se dejó conducir hasta el lugar; pero al llegar, ni bien advirtió la situación del hombre, sacó un puñal—no supe cuándo—,y me desafió. Nunca conocí una mujer tan impetuosa. De no ponerme en guardia, nada me hubiera extrañado que en su arremetida terminara atravesándome el vientre, o, peor aún, matándome. Pero como sabrá, yo soy Tajomaru. Pude arrebatarle el arma sin hacer uso de la mía, y, aunque valiente, una vez desarmada, nada pudo hacer. Así, por fin, pude satisfacer mis deseos de poseerla.

Como le dije, no había matado al hombre; era innecesario, después de haber conseguido a la mujer. Me disponía a huir cuando sucedió lo inesperado. Ella se aferró a mis brazos con desesperación, y patéticamente,con palabras entrecortadas, me gritó que uno de nosotros, su marido o yo,tenía que morir; si no, ella misma moriria antes que soportar el dolor y la vergienza de saber vivos a los dos hombres que la habían poseido. Dijo más:que sería de aquel que sobreviviera. Al oír estas palabras, el deseo de matar al hombre me ofuscó. [Sombría excitación.]

Contándolo de esta manera debo parecer muy cruel. Pero no; usted no vio la cara de la mujer en ese momento, ni soportó su mirada ardiente, como yo.Al mirar esos ojos juré casarme con ella, sí, hacerla mi mujer a riesgo de todo; ese era el único pensamiento que me absorbía.

Tal pensamiento no se debía al solo deseo carnal, como usted puede suponer. Al contrario, si en ese momento solo hubiese sentido sensualidad,habría escapado, sin importarme golpear a la mujer. Y de ser así, no habría tenido ninguna necesidad de manchar mi katana con la sangre de ese hombre.

4 Ichimegasa: sombrero antiguo que usaban las damas japonesas.

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