Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 91)
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depositó en el suelo. Un cuy se atrevió también a salir de su hueco. Era macho, de pelo encrespado; con sus ojos rojísimos revisó un instante a los hombres y saltó a otro hueco. Silbó antes de entrar.
Rasu-Niti vio a la pequeña bestia. ;Por qué tomó más impulso para seguir el ritmo lento, como el arrastrarse de un gran río turbio, del yawar mayu este que tocaban Lurucha y don Pascual? Lurucha aquietó el endiablado ritmo de este paso de la danza. Era el yawar mayu, pero lento, hondísimo; sí, con la figura de esos ríos inmensos, cargados con las primeras lluvias; ríos de las proximidades de la selva que marchan también lentos,bajo el sol pesado en que resaltan todos los polvos y lodos, los animales muertos y árboles que arrastran, indeteniblemente. Y estos ríos van entre montañas bajas, oscuras de árboles. No como los ríos de la sierra que se lanzan a saltos, entre la gran luz; ningún bosque los mancha y las rocas de los abismos les dan silencio.
Rasu-Niti seguía con la cabeza y las tijeras este ritmo denso. Pero el brazo con que batía el pañuelo empezó a doblarse; murió. Cayó sin control,hasta tocar la tierra.
Entonces Rasu-Niti se echó de espaldas.
jEl Wamani aletea sobre su frente!—dijo Atok'sayku.
-Ya nadie más que él lo mira —dijo entre sí la esposa—. Yo ya no lo veo.
Lurucha avivó el ritmo del yawar mayu. Parecía que tocaban campanas graves. El arpista no se esmeraba en recorrer con su uña de metal las cuerdas de alambre; tocaba las más extensas y gruesas. Las cuerdas de tripa. Pudo oírse entonces el canto del violín más claramente.
A la hija menor le atacó el ansia de cantar algo. Estaba agitada, pero,como los demás, en actitud solemne. Quiso cantar porque vio que los dedos de su padre que aún tocaban las tijeras iban agotándose, que iban también a helarse. Y el rayo de sol se habia retirado casi hasta el techo. El padre tocaba las tijeras revolcándolas un poco en la sombra fuerte que había en el suelo.
Atok' sayku se separó un pequeñísimo espacio de los músicos. La esposa del bailarín se adelantó un medio paso de la fi la que formaba con sus hijas. Los otros indios estaban mudos; permanecieron más rígidos. iQuéiba a suceder luego? No les habian ordenado que salieran afuera.
—jEl Wamani está ya sobre el corazón!—exclamó Atok'sayku, mirando.Rasu-Niti dejó caer las tijeras. Pero siguió moviendo la cabeza y los ojos.
El arpista cambió de ritmo, tocó el illapa vivon (el borde del rayo).Todo en las cuerdas de alambre, a ritmo de cascada. El violin no lo pudo seguir. Don Pascual adoptó la misma actitud rígida del pequeño público,con el arco y el violín colgándole de las manos.
Rasu-Niti movió los ojos; la córnea, la parte blanca, parecía ser la más viva, la más lúcida. No causaba espanto. La hija menor seguía atacada por el ansia de cantar, como solía hacerlo junto al río grande, entre el olor de flores de retama que crecen a ambas orillas. Pero ahora el ansia
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