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Página — Literatura Sin nivel (pág. 103)

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Página 103 de Arguedas, entre el fuego y el amor : textos seleccionados para estudiantes de Educación Básica · 2021
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Antero continuó acercándose a la torre. Yo le seguia furiosamente.

La violencia de las mujeres me exaltaba. Sentia deseos de pelear, de avanzar contra alguien.

Las mujeres que ocupaban el atrio y la vereda ancha que corra frente al templo, cargaban en la mano izquierda un voluminoso atado de piedras.

Desde el borde del parque pudimos ver a la mujer que hablaba en el arco de entrada a la torre. No era posible avanzar más. En la vereda la multitud era compacta. Sudaban las mujeres; los aretes de plata y de quintos de oro que llevaban algunas, brillaban con el sol. La mujer que ocupaba el arco de la torre era una chichera famosa; su cuerpo gordo cerraba completamente el arco; su monillo azul, adornado de cintas de terciopelo y de piñes, era de seda, y relucía. La cinta del sombrero brillaba, aun en la sombra; era de raso y parecia en alto relieve sobre el albayalde blanquísimo del sombrero recién pintado. La mujer tenia cara ancha, toda picada de viruelas; su busto gordo, levantado como una trinchera, se mova; era visible, desde lejos, su ritmo de fuelle, a causa de la respiración honda. Hablaba en quechua. Las ces suavisimas del dulce quechua de Abancay sólo parecian ahora notas de contraste, especialmente escogidas, para que fuera más duro el golpe de los sonidos guturales que alcanzaban a todas las paredes de la plaza.

—jManan! jKunankamallam suark'aku.! —decia. (iNo!jSólo hasta hoy robaron la sal! Hoy vamos a expulsar de Abancay a todos los ladrones. jGritad, mujeres; gritad fuerte; que lo oiga el mundo entero! jMorirán los ladrones!)

Las mujeres gritaron:

—jKunanmi suakuna wañunk'aku! (jHoy van a morir los ladrones!)

Cuando volvieron a repetir el grito, yo también lo coreé.

El"Markask'a"me miró asombrado.

—Oye, Ernesto, iqué te pasa? —me dijo—. iA quién odias?

—A los salineros ladrones, pues —le contestó una de las mujeres.

En ese instante llegó hasta nosotros un movimiento de la multitud, como un oleaje. El Padre Director avanzaba entre las mujeres,

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