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Página — Literatura Sin nivel (pág. 107)

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Página 107 de Arguedas, entre el fuego y el amor : textos seleccionados para estudiantes de Educación Básica · 2021
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mantas de las mujeres. Luego ellas salian por la tienda y las que estaban hacia el zaguán, se acercaban.

En los pueblos de indios las mujeres guardan silencio cuando los hombres celebran reuniones solemnes. En las fiestas familiares,aun en los cabildos, los indios hablan a gritos y a un mismo tiempo.Cuando se observan desde afuera esas asambleas parecen una reunión de gente desaforada. iQuién habla a quién? Sin embargo,existe un orden, el pensamiento llega a su destino y los cabildos concluyen en acuerdos. La mujer que es callada cuando los hombres intervienen en los cabildos, chilla, vocifera, es incontenible en las rinas y en los tumultos.

iPor qué en el patio de la Salinera no se arañaban, no se destrozaban a gritos? iCómo no insultaban o llamaban las que aún permanecian fuera del zaguán, en la calle? Si una sola hubiera podido gritar como cuando era libre, habria incendiado a la multitud y la hubiera destrozado.

Pero ahí estaba ella, la cabecilla, regulando desde lo alto del poyo hasta los latidos del corazón de cada una de las enfurecidas y victoriosas cholas. Al menor intento de romper el silencio, ella miraba, y las propias mujeres se empujaban unas a otras, imponiéndose orden, buscando equilibrio. Del rostro ancho de la chichera, de su frente pequeña, de sus ojos apenas visibles, brotaba una fuerza reguladora que envolvia, que detenia y ahuyentaba el temor. Su sombrero reluciente le daba sombra hasta los párpados.Un contraste habia entre la frente que permanecia en la sombra y su mandibula redonda, su boca cerrada y los hoyos negros de viruela que se exhibian al sol.

—Para los pobres de Patibamba tres costales —dijo, como para sacudirme.

Hasta ese momento se habia repartido ya la mayor parte de los sacos de sal, y el patio se veia despejado.

Ante la orden, casi inesperada, varias mujeres fueron a ver el corral de la Salinera. Encontraron cuarenta muias aún aperadas. La noticia desconcertó a las cholas. Pero la cabecilla ordenó que arrearan tres al patio. No hizo ningún comentario.

Mientras las repartidoras seguian llenando las mantas de las mujeres con grandes trozos de sal, alegremente, se dedicaron a preparar las cargas para los"colonos"de Patibamba.

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