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Página — Literatura Sin nivel (pág. 106)

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Página 106 de Arguedas, entre el fuego y el amor : textos seleccionados para estudiantes de Educación Básica · 2021
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Derribaron varias puertas y entraron al patio de la Salinera. Yo alcancé all la primera fila. La cabecilla se había terciado un rifle a la espalda. Un gran sudor le chorreaba de los cabellos. Subida en el alto poyo del corredor, miraba agudamente a todos.

—jSilencio!—ordenó.

Una mujer que estaba a su lado tenia una larga mancha de sangre en el costado, hacia el hombro izquierdo. También cargaba un rifle.

—iQué es esto, mujer? —dijo ella—.jBala de salinero!jNo sirve!

—Movió el brazo violentamente, en molinete, y lanzó una risotada.

—jAlmacén! jVeinte al almacén! —ordenó en quechua la cabecilla.

Un grupo de cholas entró al depósito de sal. Llamaron al instante desde dentro:

—jKachi, kachi!50jHarto!

Empezaron a arrastrar los sacos de sal hasta el patio.

Ante el asombro y el griterio de las mujeres, sacaron cuarenta costales de sal blanca al patio.

—jPadrecito Linares: ven! —exclamó con un grito prolongado la chichera—.jPadrecito Linares,ahistá sal!—hablaba en castellano—. jAhistá sal! jAhistá sal! jEste sí ladrón! jEste sí maldecido!

La multitud se detuvo, como si fuera necesario guardar un instante de silencio para que las palabras de la chichera alcanzaran su destino. Una vez más volvió a llamar la mujer:

—jPadrecito Linares..!

Luego bajó del poyo, por un instante; hizo despejar la puerta del almadén; dio varias órdenes y las mujeres formaron una calle,aplastándose unas a otras.

Y comenzó el reparto.

Presidió ella, desde lo alto del poyo. No hubo desorden. Con cuchillos, las chicheras encargadas abrian los sacos y llenaban las

50 Sal.

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