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indios sus chacras de trigo para sembrar alfalfa. Pero no fue suficiente; de la costa pedian más y más ganado. Los mistis que llevaban reses a la costa regresaban platudos. Y casi se desesperaron los principales; se quitaban a los indios para arrancarles sus terrenos; e hicieron sudar otra vez a los jueces, a los notarios, a los escribanos... Entre ellos también se trompearon y abalearon muchas veces.jFuera trigo!jFuera cebada!jFuera maiz! jAlfalfa!jAlfalfa!jFuera indios! Como locos corretearon por los pueblos lejanos y vecinos a Puquio, comprando, enganando, robando a veces toros,torillos y becerros. jEso era, pues, plata! jBilletes nuevecitos! Y andaban desesperados, del juzgado al coso, a las escribanias, a los potreros. Y por las noches, zurriago en mano, con revólver a la cintura y cinco o seis mayordomos por detrás. Entonces se acordaron de las punas: jPasto! jGanado! Indios brutos, ennegrecidos por el frío. jAllá vamos! Y entre todos corrieron, ganándose, ganándose a la puna. Empezaron a barrer para siempre las chukllas, los pueblitos; empezaron a levantar cercos de espinos y de piedras en la puna libre.
Año tras año, los principales fueron sacando papeles, documentos de toda clase, diciendo que eran dueños de este manantial, de ese echadero, de las pampas más buenas de pasto y más próximas al pueblo. De repente aparecian en la puna, por cualquier camino, en gran cabalgata. Llegaban con arpa, violin y clarinete, entre mujeres y hombres, cantando, tomando vino. Rápidamente mandaban hacer con sus lacayos y concertados una chuklla grande, o se metían en alguna cueva, botando al indio que vivia allí para cuidar su ganado. Con los mistis venian el juez de Primera Instancia, el subprefecto, el capitán jefe provincial y algunos gendarmes. En la chuklla o en la cueva, entre hombres y mujeres, se emborrachaban; bailaban gritando, y golpeando el suelo con furia. Hacían fiesta en la puna.
Los indios de los echaderos se avisaban, corriendo de estancia en estancia, se reunían asustados; sabian que nunca llegaban para bien los mistis a la puna. E iban los comuneros de la puna a saludar al 《ductur》 juez, al taita cura, al "gobiernos》 de la provincia y a los werak'ochas vecinos principales de Puquio.
Aprovechando la presencia de los indios, el juez ordenaba la ceremonia de la posesión: el juez entraba al pajonal seguido de los vecinos y autoridades. Sobre el ischu³³, ante el silencio de indios y
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