Identificar cómo el texto organiza el transcurso del día mediante los pregones de los vendedores.
- El narrador presenta una Lima donde el tiempo se medía por las voces de los vendedores ambulantes, no por relojes.
- Se observa una secuencia cronológica: la lechera anuncia las 6 a. m.; la tisanera y la chichera, las 7; el bizcochero y la vendedora de leche-vinagre, las 8; la vendedora de zanguito y choncholies, las 9 (hora de canónigos); la tamalera, las 10.
- Continúa: a las 11 pasan la melonera y la mulata de convento; a las 12, el frutero y el proveedor de empanaditas; a la 1 p. m., el vendedor de ante con ante, la arrocera y el alfajorero.
- Por la tarde: a las 2, la picaronera y el humitero; a las 3, el melcochero, la turronera y el anticuchero; a las 4, la picantera; a las 5, el jazminero y el vendedor de flores de trapo; a las 6, el raicero y el galletero; y a las 7 p. m., el caramelero y la mazamorrera.
- El recurso principal es la enumeración cronológica y la personificación de la ciudad a través del oficio de sus habitantes.
El texto usa una enumeración cronológica de los pregones (de las 6 a. m. a las 7 p. m.) para mostrar cómo la vida cotidiana de Lima se organizaba por la voz de los vendedores.