una palabra que su abuela le habia enseñado a decir cuando requiriera protección: enimaritosumeri.
Estábamos tan preocupados que habiamos oluidado que era la primera uez que ueiamos la nieue. Hicimos más munecos, jugamos guerritas de nieue y comimos copos hasta que nos cansamos.
Entonces, uoluimos al auión. Nos sentamos y fijamos el curso hacia la escuela. Para ese momento el encuentro con el oso ya nos parecia más marauilloso que terrible e ibamos platicando y cantando. Cuando sentimos estar cerca,empezamos a temer lo que diria la maestra. iY si nos reportaba? iQué hariamos si nos quitaba el auión? Una uez en tierra, salimos sin hacer ruido.
";Qué bonito auión!", dijo la maestra acercándose y senalando hacia atrás de nosotros. En el piso estaba un auioncito de papel color mostaza."iQué pena que no hubo uiento! Pero traigan los papalotes manana, tal uez tengamos más suerte". No entendiamos. iQué no ella misma nos habia uisto despegar? Vladimir le quitó el auión a Alfredo y lo uoló. El auioncito dio un par de uueltas en el aire y cayó en el concreto como cualquier otro auión de papel. Alfredo lo tomó y también trató de uolarlo... nada. Todos lo intentamos, y para cuando sonó la campana nadie habia logrado conuertirlo en un auión de uerdad. Quedamos de intentarlo al siguiente dia y uoluimos al salón de clases.
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Mayra Gisela Pedroza Diat
