Estas historias, asumidas como verdaderas desde la cosmovisión de los pueblos indígenas, legitiman su derecho a ocupar un territorio y guian las formas que tienen de interactuar con el medio ambiente. Incluso los relatos que aluden a hechos históricos recientes pueden estar marcados por la participación de seres no humanos o bien, refieren a personas que trascendieron para convertirse en entidades divinas. Por ejemplo, antes de la llegada de los espanoles, residia una deidad femenina, adorada por los tlaxcaltecas, en el volcán Malintzin, también conocido como La Malinche, que se ubica entre los estados de Tlaxcala y Puebla y antes fue llamado Matlalcueyetl, "Duefa de la falda verde". Con el tiempo, la identidad de esta deidad se fusionó con la de la traductora de los conquistadores espanoles, con quienes colaboraron los nahuas de la región para liberarse del Imperio mexica.
La importancia de la montana como centro del territorio se refeja en la palabra náhuatl altepetl, utilizada para designar una comunidad indigena en los códices antiguos y coloniales. Este término está compuesto por los lexemas atl, "agua", y tepetl, "cerro"o "montana". El antropólogo Norman Ellison, retomando las ideas de Gordon Brotherston (1992), resalta el significado de este centro territorial "[.. .] de la montana-cueva como fuente de fertilidad agraria y como origen de los ancestros, incluso como punto de salida de los antepasados en sus migraciones originarias" (2020, p. 95). La palabra en totonaco equivalente a altepetl es chuchutsipi.
Continuando con este contexto simbólico en las comunidades indígenas, Ellison cuenta cómo los integrantes de una comunidad totonaca,del municipio de Huehuetla, Puebla, tuvieron dificultades para elegir y cortar un árbol que les sirviera en la ceremonia de los voladores. Despues de varios intentos fallidos, encontraron el árbol adecuado y lo lograron cortar entero (2020, pp. 98-99).
El investigador prosigue su narración y refiere cómo, posteriormente,surgió otro problema: el árbol era muy grande y pesado y, por su carácter ritual, no se debia utilizar maquinaria para transportarlo. Con gran esfuerzo, más de doscientas personas lo llevaron a la comunidad: todos estaban alegres y lenos de orgullo. En varios puntos gritaron: jakinin chuchutsipi! Esto se puede traducir como "jnosotros somos chuchutsipi!", o bien, "jnosotros somos la comunidad-territorio!" (2020, p. 100);es decir, expresaron de viva voz la manera en que la comunidad se sentía identifi cada con su territorio.
Para las comunidades indigenas, el territorio no es un lugar vacío donde viven y producen; tampoco es una naturaleza ajena que deban dominar y transformar,ni una mercancia que pueda venderse o comprarse,en contraposición al pensamiento occidental; el territorio es una parte esencial de su historia, su identidad y su vida misma: es un elemento esencial de su comunidad.
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