Las culturas indigenas otorgan poderes y cualidades diferenciales a cada punto cardinal, unos positivos otros negativos, pero todos invocados. Hacia las cuatro esquinas del mundo desde el centro, se dirige toda plegaria y acción ritual, por igual en el espacio del monte, el pueblo y la casa, para todo "pedido de permiso"y todo "pago" por lo solicitado. Cada acto ritual se dirige primero y por último a las cuatro esquinas, a los cuatros duenos, a los cuatro vientos (2014, p. 446).
El centro donde confluyen los cuatro puntos cardinales también es un punto de articulación entre los planos superiores e inferiores que conforman el mundo. En el plano superior habitan las deidades celestes, las cuales se relacionan con el Sol, la Luna y otros astros, y tambieén con los santos de la religión católica. En el plano medio se encuentra el mundo habitado por los seres humanos.
El inframundo (el mundo inferior) suele tener su entrada por las cuevas de la montana. En su interior se encuentra un primer nivel en donde habitan el dueno o los dueńos de la montana; debajo reside el nivel del mundo de los muertos, donde los difuntos llegan después de atravesar diversos obstáculos.
El interior de la montana es el origen de la riqueza del agua, la vegetación, los frutos, las plantas y los animales. La relación de la comunidad con este nivel es lo que garantiza que esa abundancia se manif este. Por esta razón, el territorio es sagrado y en muchas comunidades se realizan rituales y se dan ofrendas a los seres considerados dueńos de los cerros para que permitan la vida de la comunidad. Un ejemplo de lo anterior son las concepciones del pueblo totonaco, lamado tutunaku en su propia lengua.De acuerdo con la investigadora María de los Angeles Munoz:
En la cosmovisión totonaca, la tierra tiene varias acepciones: es tiyat, es decir,la naturaleza, el territorio, donde habitamos todos, donde nacemos, vivimos y morimos. Es tiyat, la tierra que pisamos, la porción donde nos establecemos, la que produce. A la tierra se le debe respeto porque es la que da de comer, es como una madre, es Kimpakatsikan (nuestra madre); como todo elemento o fenómeno natural importante, se le identifica con un ser divino que es omnipresente y por eso para sus habitantes, se le debe respeto y reciprocidad (2004, p. 37).
Desde esta perspectiva, la tierra (Katiyatnit) se constituye por las montanas, el monte, los árboles, los animales, el agua y el maiz, entre otros tantos elementos. Además, el encargado de protegerla es el dueno o protector del monte: el Kiwigolo. Cuando se corta un árbol, a él se le pide permiso: se le lleva comida, refrescos y aguardiente. De esta forma, el Kiwigolo queda contento y la tierra vuelve a dar otro árbol.
Conocer las características geográficas de un espacio y las actividades de las comunidades que lo habitan no basta para comprender los signifcados que los pueblos indigenas les otorgan a sus territorios y que explican, en gran medida,sus prácticas culturales en relación con el mismo. Por lo tanto, como se observa,son muy importantes las maneras de concebir el espacio, los seres que lo habitan y las relaciones entre ellos y la comunidad.
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