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Durante la Reforma Liberal, los gobernantes buscaron cambiar a la población indígena: su habla, vestido, tradiciones, formas de ver el mundo, pensar y sentir. Aspiraban a que el país se "blanqueara" para asemejarse a las naciones "desarrolladas", lo que generó un fuerte racismo que afecta a muchos pobres por el color de su piel, fisonomía, lengua y cultura.
El texto de apoyo señala que los liberales concebían el campo mexicano como atrasado y alejado de la modernidad, mostrando el contraste entre las construcciones urbanas y la vida rural.
En cuanto a la política agraria, excepto en algunos enclaves de modernización capitalista, las medidas no cumplieron las metas prometidas: los deslindes y la desamortización del siglo XIX provocaron el acaparamiento de tierras, despojando a familias campesinas de sus propiedades y obligándolas a engrosar la servidumbre agraria de las haciendas.








