celebraciones del 1 y 2 de noviembre de cada ańo. Hay pocos relatos sobre él, e incluso diferentes versiones sobre quién fue.Una de éstas fue relatada por la sefora Rosa Rojas y registrada por la etnohistoriadora Sandra Acocal (2021).
La autora menciona que dona Rosa tenía 90 ańos en 2015 y que le contó lo que a su vez le habia narrado su abuelita. Dijo que la mamá de Nachito era devota de San Pablo Apóstol y no podia tener hijos. Un dia,su tristeza conmovió al sacerdote y éste le recomendó a su marido que le levara unas rosas de castilla y le diera un abrazo a su esposa. Al llevarlas y abrazarla, ella quedó embarazada; sin embargo, murió unos meses después, pero su hijo no murió con ella. Un día, el padre se dio cuenta que ya iba a nacer la criatura y ese pequeńo fue Nachito-Miquitzi.Con el paso del tiempo se convirtió en un nino travieso, pero también murió muy pronto de una enfermedad. Fue embalsamado y quién sabe cómo legó a la iglesia. Al pasar los anos, se le empezó a caer la piel y la carne, hasta quedar sólo huesos de él. Los huesos de Nachito parecen de madera. Ante esto, algunos comentan que sí es hueso; otros, que es una combinación de hueso y madera; alguien más, que sus restos fueron robados y sustituidos por unos de madera.
Las autoridades de la comunidad sacan a Nachito en procesión y sale de la iglesia una vez al ano. Prevalece la creencia de que aún puede hacer el bien o provocar vivencias negativas en la comunidad, entre otras cosas.Por eso se le hacen ofrendas, peticiones y agradecimientos, y también porque él corresponde a una vieja tradición de los antepasados.
La manera en la que se concibe a un personaje importante dentro de las comunidades indigenas enfrenta la diversidad de otras tradiciones con las que conviven en la actualidad. Nachito es un ejemplo de un personaje extraordinario dentro de la comunidad por ser concebido en el momento en que su madre recibió un ramo de rosas y un abrazo, como lo relató doña Rosa, y también por tener poderes que pueden jugar a favor o en contra de la comunidad. Esto le da rasgos particulares y de reconocimiento, lo que da continuidad a su tradición.
Las rutinas, aunque cotidianas, transmiten más de lo que podría creerse y esto también puede verse en las comunidades indigenas. Sus textiles, por ejemplo, contienen símbolos, patrones e imágenes que, a su vez, engloban ideas, derivadas de la cotidianeidad.
Narraciones como las del alacrán son ejemplo de que el entorno natural es el que forja las historias.
A su vez, el relato biográfico, más allá de destacar la historia de personajes relevantes y ancestros de una comunidad, da testimonio de que estos personajes ilustres fueron, en su momento, personas comunes de la vida diaria.
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