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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 101)

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Página 101 de Antología literaria 5 · 2019
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universo. El timonel hundió su remo en la corriente, apretándolo con fuerza, los brazos muy tiesos, el cuerpo inclinado hacia adelante. El agua gorgoteaba rumorosa; y, repentinamente, el largo y recto brazo de mar pareció girar sobre su centro, las selvas trazaron un semicírculo y los rayos oblicuos del crepúsculo tocaron los costados de la embarcación con un fiero destello, arrojando las finas sombras torcidas de sus tripulantes al resplandor rayado del río. El blanco se volvió, lanzando una mirada hacia adelante. El curso del bote se había cambiado en ángulo recio con la corriente, y la labrada cabeza del dragón de la proa apuntaba ahora hacia un claro en el encaje de las malezas de la ribera. El bote se deslizó por él,rozando las colgantes ramas, y desapareció del río semejante a una delgada criatura anfibia que abandonara el agua en busca de su guarida en los bosques. El estrecho arroyuelo semejaba una zanja: tortuoso, fabulosamente hondo, henchido de melancolía bajo la fina faja de azul puro y brillante del cielo. Arboles inmensos se levantaban, invisibles, tras las ornamentadas colgaduras de los matorrales. Aquíy allá, cerca de la resplandeciente negrura de las aguas, la retorcida raíz de algún árbol altísimo asomaba por entre el gótico encaje de los helechos, oscura y solemne, contorsionada e inmóvil, como una serpiente suspensa. Las palabras breves de los remeros resonaban ruidosamente entre los sombrios y espesos muros de aquella vegetación. La oscuridad surgía de entre los árboles, abriéndose paso por la intrincada masa de enredaderas, tras las enormes hojas fantásticas e inmóviles;la oscuridad, misteriosa e invencible; la oscuridad perfumada y venenosa de las selvas impenetrables. Los hombres adelantaban por las aguas poco profundas. El arroyo se ampliaba, abriéndose en la ancha extensión de una laguna inerte. Los bosques se apartaban de la pantanosa ribera, dejando una cinta de césped duro, de un verde brillante, enmarcando el azul reflejado del cielo. Una nube algodonosa y purpúrea flotaba en lo alto, arrastrando el delicado colorido de su imagen bajo las hojas flotantes y los plateados botones de los lotos. Una casucha, en lo alto de unas varas, que oficiaban a modo de pilares, surgía negra en la distancia. Cerca de ella, dos altas palmas, que parecían haberse adelantado a la selva del fondo,se inclinaban ligeramente sobre la derruida techumbre, con una sugerencia de ternura y solicitud melancólicas en el desfallecimiento de sus copas, frondosas y altivas. Señalando con el remo, el timonel anunció:

—Allí está Arsat. Veo su canoa entre las estacas.

Los hombres corrían a lo largo de los costados de la embarcación y arrojaban una mirada sobre el hombro hacia el fin de la jornada. Hubieran preferido pasar la noche en cualquier otra parte y no en esa laguna, de fatídico aspecto y espectral reputación. Además, profesaban a Arsat una gran antipatía; en primer lugar, porque lo consideraban extraño a ellos,y en segundo término, porque aquel que reconstruye una casa en ruinas y la habita proclama no abrigar temor alguno de vivir entre los espíritus que asolan los sitios abandonados por los hombres. Un ser semejante es capaz de interrumpir el curso del destino con una mirada o una palabra; tampoco es fácil a los casuales viajeros ganarse la voluntad de los

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