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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 103)

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Página 103 de Antología literaria 5 · 2019
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Permaneció silencioso durante un minuto e interrogó luego, suavemente:iMorirá, Tuan?

—Así lo temo —dijo tristemente el blanco.

Había conocido a Arsat años antes, en un país lejano, en tiempos de peligro y de horror, en los que no hay amistad que pueda despreciarse; y desde que su amigo malayo había llegado inesperadamente a habitar la cabana de la laguna con una mujer desconocida, no pocas veces había dormido allí en sus viajes por el curso del río. Queria a este hombre que sabía guardar fidelidad a la confianza que se le otorgaba y combatir sin miedo al lado de su amigo el blanco. Lo quería, no tanto, quizá, como un hombre quiere a su perro favorito,pero sí lo bastante para ayudarle sin hacer pregunta alguna, para pensar a veces, vaga y perezosamente y en medio de sus propias preocupaciones, en aquel hombre solitario y en la mujer de larga cabellera, rostro audaz y ojos triunfales, que vivían juntos ocultándose en la selva.. solos y temidos.

El blanco salió de la choza a tiempo para ver apagarse la enorme conflagración del crepúsculo al soplo de las sombras, ligeras y furtivas, que, levantándose como un vapor negro e impalpable sobre las copas de los árboles, se alargaban por el cielo, extinguiendo el resplandor púrpura de nubes flotantes y la roja brillantez de la luz diurna puesta en fuga. Poco después surgieron todas las estrellas sobre la intensa negrura de la tierra; y la ancha laguna, resplandeciendo repentinamente de luces refejadas, semejaba un trozo oval de cielo nocturno arrojado a la noche abismal y sin esperanza de aquella soledad. El blanco cenó con las provisiones que llevaba en la caja, y luego, recogiendo algunas varas de las que había en la plataforma, encendióuna pequeña hoguera, no porque necesitara el calor, sino para ahuyentar con el humo los mosquitos. Se envolvió en sus mantas y se apoyó contra el muro de cañas de la choza, fumando pensativamente. Arsat atravesó el umbral con pasos silenciosos y se sentó en cuclillas cerca del fuego. El blanco agitó ligeramente sus piernas extendidas.

—Respira —dijo Arsat, anticipándose a la pregunta que esperaba—. Respira y arde como si ardiera un gran fuego en su interior. No habla, no oye... iy arde!Hizo una breve pausa, preguntando luego, en tono tranquilo, sin curiosidad:Morirá, Tuan?

El blanco, confuso, se encogió de hombros y murmuró, indeciso:Si tal es su destino...

—No, Tuan —replicó Arsat con calma—. Si tal es mi destino. Oigo, veo,espero. Recuerdo.. Tuan, ite acuerdas del pasado? ;Recuerdas a mi hermano?

-Sí —respondió el blanco. El malayo se levantó de pronto, penetrando en la cabaña. El otro, aún sentado afuera, alcanzó a oír la voz de Arsat: "jEscúchame! jHáblame!》 Un completo silencio siguió a sus palabras. 《jOh Diamelen!》, exclamó de pronto Arsat. Después de aquel grito, escuchose un hondo suspiro. Arsat, al reaparecer en la plataforma, volvió a ocupar su sitio.Permanecian silenciosos junto al fuego.

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