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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 102)

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Página 102 de Antología literaria 5 · 2019
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fantasmas familiares de aquel, espíritus que suspiran por saciar sobre ellos los rencores de su humano señor. Los blancos no prestan atención a cosas semejantes, descreidos como son y en liga con el Padre del Mal, que los conduce incólumes por entre los invisibles terrores de este mundo. A las advertencias de los justos oponen una ofensiva pretensión de incredulidad. iQué queda, entonces, por hacer? Así pensaban, apoyándose con todo su peso al extremo de sus largas pértigas.La canoa resbalaba silenciosa, ligera, mansamente, dirigiéndose hacia el claro de Arsat, hasta que, después de un gran rumor de pértigas atrojadas al suelo y altos murmullos de "jAlá es grande!, atracó, con un suave golpe, contra las torcidas estacas que sostenían la casa. Los remeros, las caras en alto, gritaban discordantes:

—jArsat!jOh, Arsat!

Nadie se asomó. El blanco principió a trepar la tosca escala que conducia a la plataforma de bambú que había ante la habitación. El juragán2 refunfuñó:

—Prepararemos la cena en el sampán y dormiremos sobre el agua.—Pásame mis mantas y la cesta—ordenó el blanco, en voz baja. Se arrodillóa la orilla de la plataforma para recibir el paquete.

El bote se alejó en seguida, y el blanco, incorporándose, se hallóante Arsat, que había surgido por la baja puerta de su cabaña. Era un hombre joven, fuerte, de pecho amplio y brazos musculosos. No llevaba sobre él otra cosa que su sarong. Tenía la cabeza descubierta. Sus ojos grandes y suaves miraban al blanco ávidamente, pero su voz y sus maneras fueron mesuradas al preguntar, sin decir antes palabra alguna de bienvenida:

iTraes medicina, Tuan?

—No —respondió el visitante, en tono inquieto—. No. ;Por qué? ;Tienes algún enfermo en casa?

—Entra y verás—replicó Arsat, con el mismo aire tranquilo; y volviéndose bruscamente, cruzó el bajo umbral.

El blanco, dejando caer su carga, le siguió. A la vaga luz de la habitación se dis tingua, sobre una litera de bambú, a una mujer tendida de espaldas bajo una amplia sábana de lana roja. Estaba inmóvil, como muerta; pero sus grandes ojos, muy abiertos, quietos y ciegos, relampagueaban en la semioscuridad, mirando fi jamente a los troncos del techo. Tenía una fi ebre altísima y se hallaba, evidentemente, sin conocimiento. Mostraba las mejillas ligeramente hundidas, los labios entreabiertos, y sobre elrostro joven una expresión fija y fatídica: la expresión contemplativa y absorta de los que están próximos a morir. Los dos hombres la contemplaron en silencio.

jHace mucho tiempo que está enferma? —inquirió el viajero.

—No he dormido en cinco noches —respondió el malayo, en tono deliberado—. En un principio, le parecía escuchar voces que la llamaban desde el río y quiso desprenderse de mis brazos que la contenían. Pero desde que se levantó el sol de este dia no oye ya más, ni siquiera me oye a mí. No ve nada. jNi me ve a mí!

2Juragán: palabra malaya que quiere decir capitán.

3Sampán: pequeña embarcación malaya.

4Sarong: prenda de tela que se envuelve alrededor del cuerpo y se ata en la cintura o por debajo de las axilas. Es usada por los hombres y las mujeres en Malasia, Indonesia y las islas del Pacífico.

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