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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 109)

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Página 109 de Antología literaria 5 · 2019
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Y ino encontrara con ella algún pais donde se olvidara la muerte?., jdonde se desconociera la muerte!

El blanco se incorporó. Arsat se puso de pie, irguiendo su vaga figura silenciosa sobre las brasas agonizantes de la hoguera. Una neblina había caido sobre la laguna, arrastrándose, borrando lentamente la brillante imagen de las estrellas. Ahora una enorme masa de vapor blanco cubria la tierra: extendiase frío y gris en la oscuridad, arremolinándose en mudos torbellinos alrededor de los troncos de los árboles y por la plataforma de la casa, que parecía fotar sobre la inquieta e impalpable ilusión de un mar. Apenas si, muy lejos, las copas de los árboles se recortaban sobre el destello del fi rmamento, como alguna costa sombría y prohibida, una costa engañosa, implacable y negra.

La voz de Arsat vibró con fuerza en la profunda paz:

—jTenia conmigo a Diamelen! jLa tenía conmigo! Por ganarla hubiera enfrentado a toda la humanidad. Pero la tenia ya conmigo.. y...

Sus palabras se perdieron resonantes en las huecas distancias. Hizo una pausa y pareció que a lo lejos las escuchara morir; más allá de todo auxilio y toda revocación. Y suavemente dijo:

—Tuan, yo amaba a mi hermano.

Una racha de viento lo hizo estremecer. Por sobre su cabeza, sobre el silencioso mar de la neblina, las hojas mustias de las palmeras resonaban en un rumor melancólico y expirante. El blanco estiró las piernas. Apoyó el mentón sobre el pecho y, sin levantar la cabeza, murmuró tristemente:

—Todos amamos a nuestros hermanos.

Arsat estalló, con una intensa y susurrante violencia:

—iQué me importa quién muriese? No buscaba yo otra cosa que paz para mi corazón.

Pareciole escuchar un movimiento en la cabaña; aguzó el oído.., entrando fuego con pasos silenciosos. El blanco se levantó. Llegaba una brisa en bocanadas caprichosas. Las estrellas palidecían como si hubieran retrocedido en las heladas profundidades del espacio infinito. A una glacial racha de viento siguieron unos segundos de calma perfecta y absoluto silencio. Luego, tras la negra línea sinuosa de los bosques, una columna de luz de oro se levantó hacia el cielo y se extendió sobre el semicírculo del horizonte oriental. Nacía el sol. Retirose la niebla,se deshizo en nubes fugaces, desvaneciéndose en ligeras trenzas flotantes; y la laguna, descubierta, se revelaba, negra y bruñida, en las sombras espesas al pie del muro de árboles. Un águila blanca se levantó sobre ella, en un vuelo oblicuo y portentoso llegó al claro rayo del sol y, por un momento, surgió deslumbradoramente brillante; luego, elevándose más, se hizo un punto oscuro e inmóvil antes de desvanecerse en el azul, como si hubiera abandonado la tierra para siempre.El blanco, de pie ante el umbral de la puerta, la mirada en lo alto, escuchó en la cabaña un confuso y roto rumor de palabras sin sentido que fue concluyendo en un gemido. Repentinamente Arsat salió tropezando, las manos alargadas; se estremeció, permaneciendo inmóvil por un rato, la mirada fi ja. Luego:

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