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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 107)

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Página 107 de Antología literaria 5 · 2019
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No ignoraba que la persecución se iniciara pronto. Mi hermano me amaba. Hundió el remo sin chapoteo alguno. Se limitó a decir: 《En ti no hay ahora sino la mitad de un hombre.., la otra mitad está en esa mujer. Puedo esperar. Luego que vuelvas a ser un hombre entero regresarás conmigo a gritar nuestro desafio. Somos hijos de una misma madrey. No respondi. Toda mi fuerza y todo mi espíritu los reconcentraba en las manos que sostenían el remo.. porque suspiraba por encontrarme con ella en un sitio seguro, lejos del alcance de la cólera de los hombres y el despecho de las mujeres. Mi amor era tan grande que lo suponía capaz de guiarme hacia un pais donde la muerte no existiera solo con que pudiese escapar al enojo de Inchi Midah y al alfanje de nuestro señor. Remamos violentamente,respirando entre dientes. Las hojas de los remos penetraron profundamente en las aguas tranquilas. Salimos del río; volamos por canales abiertos entre los bajos fondos. Bordeamos la negra costa; bordeamos las playas arenosas en donde el mar habla a la tierra en blandos murmullos; y el destello de arena blanca respondía al paso de nuestro bote, tan ligero corría este sobre el río. No hablábamos.Solo una vez susurré yo:《Duerme, Diamelen, porque pronto necesitarás todas tus fuerzasy. Llegó a mis oídos la dulzura de su voz, pero me abstuve de volver la cabeza. Se levantó el sol y aún proseguiamos adelante. Corria el agua de mi rostro como la lluvia de una nube. Volábamos en la luz y en el calor. No volví la vista para nada, pero sabía que los ojos de mi hermano, a mi espalda, miraban con firmeza hacia adelante, pues el bote corría tan recto como la flecha de un guerrero al abandonar el arco. No había remero mejor ni mejor timonel que mi hermano. Muchas veces, en aquella canoa, habíamos vencido en las regatas. Pero jamás habíamos agotado nuestras fuerzas como entonces., jentonces, cuando por última vez remamos juntos! No había en mi patria un hombre más fuerte ni más bravo que mi hermano. No podia yo perder el tiempo en volverme a mirarlo, pero no cesaba de escuchar a mi espalda el siseo de su aliento creciendo por momentos en intensidad. No pronunciaba una palabra. El sol estaba ya muy alto. El calor se ensanaba en mi espalda como una llama de fuego. Sentía las costillas próximas a romperse, ya me era imposible respirar. Y sentí que era necesario gritar con mi último aliento: "jDescansemos!>... "Bueno》, respondió él; y su voz era firme. Era fuerte. Era bravo. No conocía la fatiga ni el miedo... jMi hermano!

Un murmullo suave y poderoso, un murmullo vasto y blando, el murmullo de las hojas temblorosas y las malezas estremecidas, atravesaba las enmarañadas profundidades de las selvas, corria sobre la mansedumbre estrellada de la laguna; el agua, entre las estacas, lamió una vez los flacos maderos con un chapoteo repentino. Una bocanada de aire tibio tocó en el rostro a los dos hombres y siguió adelante con un melancólico rumor: un aliento breve y rumoroso como algún inquieto suspiro de la tierra ensoñante.

Arsat prosiguió, en voz baja y tranquila:

−—Echamos la canoa sobre la playa blanca de una pequeña bahía, cercana a una larga lengua de tierra que parecía interponerse en nuestro camino; un cabo largo y frondoso que iba a perderse mar adentro. Mi hermano conocía el lugar.

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