Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 13)
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Un cabuliwallah iba pasando, en realidad, por la calle. Llevaba el suelto ropón mugriento de los de su raza, y un alto turbante, un saco a la espalda y cajas de uvas en la mano.
No sé lo que se figuró mi hija al ver a aquel hombre, que empezó a llamarlo a gritos. Yo pensé: "jAy, lo que es si él entra, mi capítulo diecisiete no se acabaráen la vida!>. En este momento, el cabuliwallah se volvió y miró a la nina, la que,al darse cuenta, huyó despavorida en busca de su madre. Mini creía ciegamente que el hombre llevaba dentro del saco dos o tres niñas, por lo menos, como ella.El cabuliwallah entró en la casa y me saludó sonriendo.
Tan decisiva era la situación de mi héroe y de mi heroína, que mi primer impulso fue comprarle algo al cabuliwallah, ya que había sido llamado, para que se fuera pronto. Le compré, pues, alguna cosilla, y él se puso a hablarme de Abdurrahman, de los rusos, de los ingleses y de la politica de la frontera.
Cuando se iba, me dijo:
—iY la niñita, señor?
Yo, pensando que era bueno curar a Mini de aquellos absurdos temores, hice que la trajeran.
Mini se puso junto a mi silla, y miraba al cabuliwallah y a su saco. Él le ofreció nueces y pasas, pero ella no cayó en la tentación, y se apretaba a mí, con más miedo que antes.
Este fue el primer encuentro de ellos dos.
Pocos dias después, una manana, iba yo a salir de casa, cuando vi atónito que Mini estaba sentada en un banco del lado de la puerta, hablando y riendo, con el gran cabuliwallah a sus pies. En toda su vida, mi hija quizás no había encontrado a nadie que la escuchara con tanta paciencia,a no ser su padre; y tenía el extremo de su sarito lleno de almendras y pasas, regalo de su amigo.
—;Por qué le has dado eso? —le dije al cabuliwallah. Y sacando una moneda de ocho annas, se la di. El aceptó el dinero sin protestar, y se lo echó en el bolsillo.
Pero jay!, al volver yo, una hora más tarde, vi que la desdichada moneda había ocasionado daños por dos veces su valor, pues el cabuliwallah se la había dado a Mini, y la madre, echándole el ojo al redondo objeto reluciente, se lo quitóa la criatura, preguntándole:
iQuién te ha dado esa moneda?
—Me la dio el cabuliwallah —dijo Mini alegremente.
-jQue te la dio el cabuliwallah! —exclamó su madre escandalizada—.iY por qué se la has tomado?
Yo entraba entonces, y librando a Mini de un desastre inminente, me puse a hacer averiguaciones.
Seguún supe, no era esta la única vez que ellos se habían visto. El cabuliwallah había sabido vencer el temor de la niña, con un paciente soborno de nueces y almendras, y ahora los dos eran grandes amigos.
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