Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 16)
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decirlo, se olvidó de su antiguo amigo. Nuevas amistades llenaron su vida, y, a medida que ella iba creciendo, pasaba mayor tiempo con otras muchachas; tanto, que ya no encontraba ocasión de venir, como antes, al cuarto de su padre y apenas nos veiamos.
Pasaron los años. Llegó una vez más el otoño, y nos ocupábamos en los preparativos para la boda de Mini, que había de celebrarse en las Fiestas de Puja. Con la vuelta de Durga a Kailas, la luz de nuestro hogar también se iría a la casa del marido, dejando la del padre en sombra
Era alegre la mañana. Tras las lluvias, una sensación de baño erraba por el aire, y los rayos del sol parecían oro puro. Tan vivos eran, que los sórdidos muros de ladrillo de las callejas de Calcuta deslumbraban con una hermosa claridad. Desde el amanecer, las gaitas de la boda habian comenzado a sonar y, a cada cadencia suya, me saltaba el corazón. El gemido de aquella melodia bhairavi, parecía agrandar mi pena por la separación que legaba, pues Mini iba a casarse aquella noche.
La casa estaba llena de bullicio y de idas y venidas. Se estaba preparando en el patio un dosel sostenido por varas de bambú. En los aposentos y galerías se colgaban candelabros tintineantes. La prisa, la agitación no acababan nunca. Yo estaba sentado en mi cuarto, repasando las cuentas, cuando de pronto alguien saludó respetuosamente y llegó frente a mí. Era Rahmun, el cabuliwallah. Al principio, no caía en quien fuese, pelado como venía, sin su saco, sin aquel vigor de antes; pero sonrió, y le conocí al punto.
iCuándo has venido, Rahmun? —le pregunté.
—Anoche me soltaron de presidio —contestó.
Sus palabras sonaron mal en mis oidos. Nunca antes había yo hablado con un hombre que hubiese herido a otro, y mi corazón se encogió pensando, contrariado, el mal agiiero con que el día empezaba.
—Estoy ocupado con la fiesta—le dije—. iNo te seria igual venir otro dia?Se volvió para irse, pero al llegar a la puerta, vaciló y me dijo:
—iY no podría ver a la niña un momento?
Él pensaba que Mini seguía siendo la misma niña que antes y se la figuraba ya corriendo hacia él, como en otros dias, y gritando: "jCabuliwallah! jCabuliwallah!》. Se había figurado, también, que hablarían y reirian juntos, como antes. En recuerdo de los pasados tiempos, traia, cuidadosamente envueltas en papel, algunas almendras, pasas y uvas, que le habría dado algún campesino,pues su pequeño caudal se lo habían dispersado.
Le dije otra vez:
—Es que hay fiesta en la casa y hoy no podrás ver a nadie.
Su cara se puso triste. Me miró un momento, nostálgico, me saludó, y se fue.Sentí pena, y ya iba a llamarlo, cuando él volvía, y dándome su regalo me dijo:——Traia estas cosillas para la nina, senor, ise las quieres dar?
Las tomé y fui a pagarle; pero él me cogió la mano diciendo:
—jQué bueno eres, señor! jNo me olvides.., ni me des nada! Tú tienes una
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