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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 15)

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Página 15 de Antología literaria 5 · 2019
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Yo me echaba a reír bondadosamente, pero ella se revolvía contra mí, seria, y me hacía solemnemente preguntas como esta: ";Es que no roban a los niños? ;No era verdad, entonces, que en Cabul habia esclavos? ;Era un disparate pensar que aquel hombrón pudiera llevarse a la niña, tan chiquita?.

Yo le respondía que tal vez no fuese imposible, pero que no era probable.Ella no se convencía, y continuaba inquieta. Sin embargo, como su temor era injustificado, no me parecía bien decirle al cabuliwallah que no viniera. Y la amistad de él y de mi niña seguía libremente.

Todos los años, hacia mediados de enero, Rahmun, el cabuliwallah, tenía la costumbre de volver a su pais; y cuando este momento se acercaba, él andaba arriba y abajo, muy atareado, cobrando de casa en casa lo que le debian. Aquel año, a pesar de sus ocupaciones, siempre encontraba ocasión para venir a ver a Mini, y cualquiera que no estuviese enterado de las cosas, hubiera creido que los dos tramaban alguna conspiración, pues él, si no podia venir por la manana, se presentaba al oscurecer.

A mí mismo me asustaba un poco, a veces, encontrar de pronto a aquel hombrazo en el rincón de un cuarto oscuro, con aquellas ropas sueltas, todo lleno de alforjas. Pero cuando Mini corria a él, diciendo entre risas: "jCabuliwallah, cabuliwallah!》, y los dos amigos, de tan diferente edad, volvían a sus bromas y a sus carcajadas, al punto me tranquilizaba.

Una mañana, dias antes de la partida del cabuliwallah, estaba yo corrigiendo pruebas en mi cuarto. Aún hacía fresco, y el leve calor de los rayos del sol que, a través de mi ventana, llegaban a mis pies, me era amable. Serían las ocho, y los paseantes tempraneros volvían a sus casas con las cabezas cubiertas.De pronto, oí gritos en la calle y, asomándome, vi que dos policías llevaban atado a Rahmun, rodeado de chiquillos. Las ropas del cabuliwallah estaban manchadas de sangre, y uno de los policías llevaba un cuchillo. Salí de prisa, los paréy les pregunté qué pasaba. Por lo que unos y otros me dijeron, pude sacar en claro que un vecino que le debia a Rahmun un chal de Rampuri negaba que se lo hubiese comprado y que, habiendo pasado de las palabras a los hechos, Rahmun lo había herido. En el calor de la exitación, el preso comenzó a insultar a su enemigo con toda clase de nombres, cuando, de pronto, en la galeria de mi casa,apareció Mini, gritando como de costumbre:"jCabuliwallah! jCabuliwallah!》.La cara de Rahmun se iluminó al verla. Aquel dia no llevaba el saco bajo el brazo, y no podia enganarla con lo del elefante. Entonces ella le preguntó: "iVas a casa de tu suegro?》. Rahmun se echó a reír y dijo: 《Sí; allí voy, niña》. Pero viendo que la respuesta no había hecho reír a Mini, levantó sus manos atadas y dijo: "jAy, de buena gana le hubiese dado a ese viejo de mi suegro, pero me han atado las manos!>.

A Rahmun, acusado de homicidio frustrado, lo condenaron a varios años de cárcel. El tiempo pasó y nos fuimos olvidando de él. Seguimos trabajando siempre en lo mismo y en el mismo lugar, y rara vez se nos ocurría pensar en el un dia libre montañés, ahora preso. Hasta mi alegre Mini, vergienza me da

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