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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 14)

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Página 14 de Antología literaria 5 · 2019
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Se daban curiosas bromas, con las que gozaban grandemente. Ella se sentaba frente a él, y, mirando con toda su diminuta dignidad al gigantesco cuerpo de su amigo, le preguntaba hecha un rizo de risa:

jCabuliwallah, cabuliwallah, dime qué tienes en tu saco!

Y él, con el acento gangoso de los montañeses, respondía:

—jUn elefante!

Tal vez esto no sea un gran motivo de diversión; pero jlo que gozaban ellos con la ocurrencia! Para mí, la charla de mi niña con aquel hombre hecho y derecho tenía en ella algo de fascinador.

El cabuliwallah, para no ser menos, le preguntaba a su vez:

—Bueno, nina, iy cuándo vas a ir a casa de tu suegro?

La mayor parte de las niñas de Bengala saben, desde que nacen, de la casa de su suegro; pero nosotros, que somos un poco modernistas, le habíamos callado estas cosas a nuestra hija; de modo que Mini, al oír la pregunta del cabuliwallah, debió quedarse algo perpleja. Pero ella no lo quiso demostrar, y saliódel paso con este rodeo:

—Túvas allí?

Entre hombres de la clase del cabuliwallah, es bien sabido que "casa del suegrow tiene un doble sentido, que es cárcel》, porque en esta se nos cuida bien sin que nos cueste nada. El sanote del vendedor tomaba en este sentido la pregunta de mi hija, y, enseñando su puño a algún invisible guardia, le gritaba:

—iAy, qué paliza le voy a dar a mi suegro!

Mini, al oír esto, rompía en grandes carcajadas, figurándose ya maltrecho al infeliz pariente. Y su formidable amigo reía con ella.

Eran mañanas de otoño, el momento del año en que los antiguos reyes salían en busca de conquistas; y yo, que no podia moverme de mi rinconcito de Calcuta, echaba a vagar mi pensamiento por el mundo. Con solo oír el nombre de otro país, mi corazón se iba a él; y si veía un extranjero por las calles, me quedaba preso en una red de suenos, con las montanas, los valles y los bosques de su tierra distante, con su casita en aquellos fondos, con la libre y fácil vida de los silvestres campos lejanos. Quizás sea que como llevo una existencia tan vegetativa, los viajes se me representan con más viveza que a otros. La noticia de un viaje sería para mí como un rayo.. Viendo al cabuliwallah, me trasladaba, al punto, al pie de sus montañas de picos secos, llenas todas de estrechos barrancos que se retuercen por las imponentes alturas. Veia la caravana de camellos cargados de mercancías y los mercaderes, con sus turbantes, sus antiguas y raras armas de fuego y sus lanzas, camino de las llanuras. Veia.., pero en este instante, la madre de Mini se ponía por medio, suplicándome que tuviera mucho cuidado con aquel hombre.

La madre de Mini es, desgraciadamente, muy medrosa. En cuanto oye el menor ruido en la calle, o ve que viene alguien hacia la casa, piensa siempre que deben ser ladrones, o borrachos, o culebras, o tigres, o la malaria, o cucarachas, o gusanos, o un marinero inglés. De nada le sirve la experiencia, y siempre está lo mismo. El cabuliwallah le daba miedo y ella me rogaba a cada instante que no lo perdiese de vista.

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