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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 52)

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Página 52 de Antología literaria 5 · 2019
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llorar tanto. Era peor esto que las palizas y los gritos de él cuando llegaba borracho.No tuvo a nadie más que al hijo aquel, porque las hijas fueron descaradas y necias, y se reían de ella, y el otro hijo, igual que su marido, había intentado hasta encerrarla.)

—Tuve un hijo único. Un solo hijo. ;Se da cuenta? Le puse Florisel.. Crecia delgadito, pálido, así como usted. Por eso quizá le cuento a usted estas cosas. Yo le contaba mi magnífica vida anterior. Solo él sabía que conservaba un traje de gasa,todos mis collares... Y él me escuchaba, me escuchaba. como usted ahora, embobado.

Rosamunda sonrió. Si, el joven la escuchaba absorto.

—Este hijo se me murió. Yo no lo pude resistir... Él era lo único que me ataba a aquella casa. Tuve un arranque, cogí mis maletas y me volví a la gran ciudad de mi juventud y de mis éxitos. iAy! He pasado unos dias maravillosos y amargos. Fui acogida con entusiasmo, aclamada de nuevo por el público, de nuevo adorada... iComprende mi tragedia? Porque mi marido, al enterarse de esto, empezó a escribirme cartas tristes y desgarradoras: no podia vivir sin mi. No puede,el pobre. Además, es el padre de Florisel, y el recuerdo del hijo perdido estaba en el fondo de todos mis triunfos, amargándome.

El muchacho veia animarse por momentos a aquella fi gura flaca y estrafalaria que era la mujer. Habló mucho. Evocó un hotel fantástico, el lujo derrochado en el teatro el dia de su <reaparición》; evocó ovaciones delirantes y su propia figura, una figura de "silfide cansaday, recibiéndolas.

—Y, sin embargo, ahora vuelvo a mi deber... Repartí mi fortuna entre los pobres y vuelvo al lado de mi marido como quien va a un sepulcro.

Rosamunda volvió a quedarse triste. Sus pendientes eran largos, baratos; la brisa los hacía ondular. Se sintió desdichada, muy "gran dama》.. Había olvidado aquellos terribles dias sin pan en la ciudad grande. Las burlas de sus amistades ante su traje de gasa, sus abalorios y sus proyectos fantásticos. Había olvidado aquel largo comedor con mesas de pino cepillado, donde había comido el pan de los pobres entre mendigos de broncas toses. Sus llantos, su terror en el absoluto desamparo de tantas horas en que hasta los insultos de su marido había echado de menos. Sus besos a aquella carta del marido en que, en su estilo tosco y autoritario a la vez, recordando al hijo muerto, le pedía perdón y la perdonaba.

El soldado se quedó mirándola. jQué tipo más raro, Dios mío! No cabía duda de que estaba loca la pobre.. Ahora le sonreia.. Le faltaban dos dientes.

El tren se iba deteniendo en una estación del camino. Era la hora del desayuno, de la fonda de la estación venía un olor apetitoso.. Rosamunda miraba hacia los vendedores de rosquillas.

—;Me permite usted convidarla, señora?

En la mente del soldadito empezaba a insinuarse una divertida historia. ;Y si contara a sus amigos que había encontrado en el tren una mujer estupenda y que..?

−—j,Convidarme? Muy bien, joven.. Quizá sea la última persona que me convide... Y no me trate con tanto respeto, por favor. Puede usted llamarme Rosamunda.., no he de enfadarme por eso.

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