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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 56)

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Página 56 de Antología literaria 5 · 2019
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pero solo alcanzas a ver la palabra "pequeña》, muy al fondo, en colores desvaidos y letras borrosas. Repites Amalia, Alfonso... Y, por un instante,crees que estos nombres significan algo.

Mecánicamente miras otra vez la foto del carnet de identidad y la comparas con la imagen que te devuelve el espejito del estuche plateado. Relees:"Nacida en Barcelona, 28 de mayo de 1956, hija de Alfonso y Amalia....iEstás empezando a recordar? ;O Alfonso y Amalia, a los que al principio no habías prestado atención, se han metido ahora en tu pensamiento y se trata tan solo de un recuerdo inmediato, de hace apenas unos segundos?Murmuras en voz baja: "Alfonso Vila, Amalia Gastón..》. Y entonces, de nuevo, te pones a sudar. 《Estás perdida》, te parece escuchar."Ausente》. Sí,te hallas perdida y ausente, pero —y aquí sientes de pronto, un conato de esperanza—, dispones de un teléfono. Tu teléfono.

—iSe encuentra bien? ;Le ocurre algo?

Ahora te das cuenta de que las mesas han dejado de bailotear y la voz del camarero ha logrado abrirse paso a través de un zumbido. Niegas con la cabeza. Sonríes. Ignoras lo que ha podido ocurrir, pero no te importa.

—No es nada. Me he mareado un poco. Enseguida estaré bien.

Te has quedado admirada escuchando tu voz. En la vida, en tu vida normal, sea cual sea, debes de ser una mujer de recursos. Tus palabras han sonado amables, fi rmes, tranquilizadoras.

—Aún no es tiempo de helados—añade el camarero contemplando la copa. Es un hombre mayor, casi un anciano—. Los helados para el verano y un cafecito caliente para el invierno.

Le dices que tiene razón, pero solo piensas: "Estamos en invierno. En inviernow. Te incorporas, coges la gabardina y el bolso, y preguntas dónde está el servicio.

La encargada de los lavabos no se encuentra alli. Observas aliviada una mesa recubierta con un tapete blanco, un cenicero vacío, un platito con algunas monedas, un teléfono. Te mojas la cara y murmuras: "Elena》. Es la cuarta vez que te contemplas ante un espejo y quizá, solo por eso, aquel rostro empieza a resultarte familiar. "Elena》, en cambio, te sigue pareciendo corto, incompleto, inacabado. Te pones la gabardina y te miras de nuevo. Es una prenda de buen corte forrada de seda, muy agradable al tacto. "Debo de ser rica》, te dices. "O por lo menos tengo gusto. O quizás acabo de robar la gabardina en una tienda de lujow. La palabra se te aparece color plomo con tintes verduscos, pero casi enseguida deja paso a "número>. Número es marrón —como "teléfono》, como "café》—, pero si dices 《mi número》, el mi se te revela blanco, esperanzador, poderoso. Buscas unas monedas, descuelgas el auricular y sabes que, como nada sabes, debes obrar con cautela.

Puedes impostar la voz, preguntar por Elena Vila Gastón, inventar cualquier cosa a la hora de identificarte. "Ha salido. Volverá a las diez de la noche. Está en el trabajo...》. Prestarás especial atención al tono empleado.

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