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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 58)

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Página 58 de Antología literaria 5 · 2019
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del martirio—tampoco Elena sabría lo que es martirio—. Pero todo esto no es más que un absurdo. Algo que tan solo podría sucederle a un habitante de otra galaxia, a un salvaje traido directamente de la selva. Pero no a ti.Sabes perfectamente quiénes son, por qué están ahí. Y no sientes miedo.Por eso te levantas del asiento y, amparada en la penumbra, te acercas hasta un confesionario y esperas a que una anciana arrodillada termine con la relación de sus pecados. Tú también te arrodillas. Dices: "Ave María Purísima》 y te quedas un momento en silencio. Ignoras si esta fórmula que automáticamente han pronunciado tus labios sigue vigente. Adivinas entonces que hace mucho que no te arrodillas en un confesionario y, por un instante, te ves de pequeña, consigues verte de pequeña. Ya no es la palabra —brillante, con ribetes—, sino tú misma hace treinta quizá más años."He dicho mentiras. Me he peleado con mis hermanas..》. El sacerdote debe de ser sordo o ciego. O tal vez hace como que escucha y su mente está perdida en un lugar lejano. Pero necesitas hablar, escuchar tu voz, y a falta de una lista de pecados más acorde con tu edad, los inventas. Has cometido adulterio. Una,dos, hasta quince veces. Has atracado un banco. Has robado en una tienda la gabardina forrada de seda. Hablas despacio, preguntándote en secreto si no estarás dando rienda suelta a un montón de deseos ocultos. Pero tu voz,lenta, pausada, te recuerda de repente a la de una locutora profesional, a la de una actriz. Y entonces lo haces. Recitas un número cualquiera, luego otro y otro. Después, cuando dices: Deje su mensaje al escuchar la señal.Graciasy, no te cabe ya la menor duda de que tú eres la mujer que antes ha respondido al teléfono. Abandonas el confesionario precipitadamente, sin molestarte en mirar hacia atrás y comprobar si el sacerdote es realmente sordo o ciego. O ahora, asomado entre las cortinas de la portezuela, observa consternado tu carrera.

El aire de la calle te hace bien. El reloj de la iglesia marca las once y diez. Pero jes posible que sigan siendo las once y diez? Una amable transeúnte observa tu confusión, mira hacia lo alto, menea la cabeza y te informa de que el reloj de la iglesia no funciona desde hace años. "Son las tres),añade. Es agradable que alguien te hable con tanta naturalidad, a ti, la más desconocida de las desconocidas. Avanzas unos pasos y, con inesperada felicidad, te detienes ante un rótulo. El nombre de la calle en la que te encuentras coincide felizmente con el que figura en el carnet de identidad,en el de socia de un club de gimnasia. "Tengo que ser valientew, te dices."Seguro que Elena Vila es una mujer valientew.

Las tres de la tarde es una hora buena, discreta. Supones que los porteros —si es que el edificio cuenta con porteros— estarán encerrados en su vivienda, almorzando, escuchando las noticias frente a un televisor, ajenos a quien entre o salga del portal de la casa. En tu tarjeta de socia de un club se indica que vives en el ático. Piensas: <Me gusta vivir en un ático>. El espejo del ascensor te devuelve esa cara con la que ya te has familiarizado

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