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Página — Literatura Sin nivel (pág. 110)

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Página 110 de Antología literaria 3 · 2018
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me han hecho la corte, quien más, quien menos, pero por fi n me cansé. A la tabaquera no le falta gracia; narraba de un modo pasable relatos de guerra o intrigas picarescas, pero no puedo aguantar su mal olor. El pote de jenjibre tiene garbo y cierto encanto, pero me es imposible estar a su lado sin que me asalte un sueño irresistible. Los pescados conocen profundas ciencias,pero no hablan nunca. Solo el César de oro de la medalla me ha divertido en realidad algunas veces, pero su orgullo acabó por parecerme insoportable.jNo pretendia llevarme en cautiverio bajo el pretexto de que era yo una reina bárbara? Resolví plantarlo con toda su corona de laurel y su gran nariz de pretencioso, y así fue como quedé sola, sola pensando en usted el campanero lejano que me tocaba en las noches tan linda música. Entonces dije a mi elefante: "Anda y tráemelo. Nos distraeremos mutuamente. Le contaré yo mis aventuras, él me contará las suyas》. iQuiere usted, lindo ermitaño, que le cuente mi vida?

—jOh, sí! —suspiró extasiado fray Barnabé— jDebe ser tan hermosa!Y la reina de Saba comenzó a recordar las aventuras magnificas que había corrido desde la noche aquella en que se había despedido de Salomón hasta el dia más cercano en que escoltada por sus esclavos, su parasol, su trono y sus pájaros se había instalado dentro de la sopera. Había material para llenar varios libros y aún no lo referia todo; iba balanceándose al azar de los recuerdos. Había recorrido Africa, Asia y las islas de los dos océanos.Un príncipe de la China, caballero en un delfin de jade, había venido a pedir su mano, pero ella lo había rechazado porque proyectaba entonces un viaje al Perú, acompañada de un joven galante, pintado en un abanico, el cual en el instante de embarcarse hacia Citeres, como la viera pasar, cambió de rumbo.

En Arabia había vivido en una corte de magos. Estos, para distraerla,hacían volar ante sus ojos pájaros encantados, desencadenaban tempestades terribles en medio de las cuales se alzaban sobre las alas de sus vestiduras,hacían cantar estatuas que yacían enterradas bajo la arena, extraviaban caravanas enteras, encendian espejismos con jardines, palacios y fuentes de agua viva. Pero, entre todas, la aventura más extraordinaria era aquella,la ocurrida con el César de oro. Es cierto que repetía: <Me ofendió por ser orgullosoy. Pero se veia su satisfacción, pues el César aquel era un personaje de mucha consideración.

A veces en medio del relato el pobre monje se atrevía a hacer una tímida interrupción:

—Creo que ya es tiempo de ir a tocar la hora. Permítame que salga.

Pero al punto la reina de Saba, cariñosa, pasaba la mano por la hermosa barba del ermitaño y contestaba riendo: iqué malo eres, mi bello Barnabé, estar pensando en la campana cuando una reina de Africa te hace sus confidencias!, y además: es todavía de noche. Nadie va a darse cuenta de la falta.

Y volvía a tomar el hilo de su historia asombrosa.

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