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Página — Literatura Sin nivel (pág. 33)

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Página 33 de Antología literaria 3 · 2018
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donado, ni en la condición de fraile. No, porque había en mí, como ya he señalado, no una fe ortodoxa, sino un teísmo mezclado de agnosticismo,posición que no me impedia reverenciar al Dios de los católicos, así como a Cristo, a la Virgen, a los santos, y participar en los cultos. Incluso me las arreglé, como ya mencioné, para cumplir con la confesión y la comunión,sacramentos a los que me era imposible sustraerme. Por fuerza debí adoptar,eso sí, una actitud muy prudente, reservada, a la que se avenía muy bien mi carácter introvertido.

Fueron pasando así los meses y los años, y alcancé la cuarentena,siendo cada vez menos frecuentes, por desgracia, los viajes con el padre Superior o con su sustituto. Se me dejaba mayor libertad, cuando ello no interfería con los oficios o las prácticas del titular, para tocar los armonios de la iglesia y del convento, y, en espaciadas y solitarias ocasiones, el gran órgano del templo mayor de la orden. Obtuve también permiso para asistir a algunos recitales, que muy de tiempo en tiempo daban maestros extranjeros en los magníficos instrumentos de San Pedro y de la Catedral.Y una noche, inclusive, pude asistir a un memorable concierto que se dio en la iglesia de San Pedro con música de Palestrina, Monteverde y un anónimo compositor de la Colonia.

Transcurría el tiempo, y se fue acentuando, poco a poco, el deseo de volver al sitio en que habia nacido. Sí, a este pueblo situado en un paraje tan severo, en las cercanías de las lagunas de Janchiscocha, a medio camino entre el luminoso valle de Jauja y la ceja de Montaña, el villorrio de Sóndor,donde me entrego ahora a este soliloquio. La aspiración de llegar a ser, si aquel hermoso y viejo armonio se habia conservado, sucesor del estupendo músico que había sido, a mi modo de ver, y a pesar de toda su modestia,Isauro Oscovilca, en esa época tan lejana. Y de recobrar la vieja casa de mi madre, y reintegrarme, en suma, a esta tierra de puna que tanto se corresponde, en su austero paisaje, con mi naturaleza.

Se fue reafirmando, pues, y definiendo, aquel designio, y así, cerca ya a los setenta años, le escribí a un fraile cuaresmero de Jauja, rogándole que me informase, si le era posible, sobre mi pueblo. El cumplió con mi pedido,y logró hablar con un señor Sulca, cuyos padres eran de Sóndor, quien le contó que parte de mi casa se había caido con las lluvias, pero que el resto continuaba cerrado y sin que nadie se lo hubiese apropiado, tal vez por lo decaido y casi despoblado del lugar, y que, de otro lado, algunos miembros de la comunidad se turnaban para ver por el templo. Así, pues, yo podría volver a mi casa, y encargarme, si nadie se oponía, de la pequeña iglesia.Fue de esa manera como en diciembre pasado, tomada ya mi resolución,pedí hablar con el Padre Superior del convento. "Padre》, le dije, "quiero volver a mi tierray. Me miró asombrado y me preguntó por mis razones.《No están en juego mi fe ni mi devoción》, le expliqué, "pero no sé nada de mi familia ni de mi casa, y ni siquiera de mi pueblo. Quiero volver a mi tierra, y hacerme cargo, quizá como sacristán, de su única y modesta iglesia, hoy casi abandonada》."Pero, ilo has pensado bien? ;Estás seguro?》,replicó, y sus ojos me miraron con una sombra de suspicacia. 《Sí, así es》,

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