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Página — Literatura Sin nivel (pág. 72)

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Página 72 de Antología literaria 3 · 2018
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jÁtate esto a la cintura y nada con todas tus fuerzas! jCuando llegues a la boya, tiras del cabo y lo amarras bien!

Shinji se rodeó la cintura con el merlín, por encima del cinturón,dándole dos vueltas. Entonces, de pie en la proa, contempló el mar. Bajo la espuma, bajo las cabrillas que se desintegraban al romper contra la proa, estaban las olas totalmente negras, invisibles, que se retorcían y enroscaban. Seguian repitiendo sus movimientos amorfos, ocultando sus caprichos incoherentes y peligrosos. Apenas una de ellas parecía a punto de erguirse y hacerse visible a los marineros cuando se desplomaba y volvía a ser un abismo remolineante e insondable.

En aquel momento Shinji pensó en la fotografia de Hatsue que guardaba en el bolsillo interior de la chaqueta colgada en la cabina de la tripulación. Pero el viento se llevó los fragmentos de ese pensamiento ocioso,y el muchacho se zambulló desde la proa del barco.

La boya se encontraba a unos veinticinco metros de distancia. A pesar de su gran fortaleza fisica y de su confianza en que no iba abandonarle,y también a pesar de su capacidad para nadar alrededor de su isla natal cinco veces seguidas, seguía pareciendo imposible que todo ello bastara para cruzar la inmensidad de aquellos veinticinco metros.

Una fuerza terrible atenazaba los brazos del muchacho; algo parecido a una cachiporra invisible los apaleaba mientras intentaban abrirse paso a través de las olas. Sin poder evitarlo, las olas le zarandeaban, y cuando intentaba oponerles su fuerza y luchar a brazo partido con ellas, sus movimientos eran tan inútiles como si tratara de correr por una superficie cubierta de grasa.

Tenía la seguridad de que por fi n la boya estaba al alcance de su brazo,pero cuando emergía del seno de la siguiente ola la buscaba con la mirada y constataba que seguia a la misma distancia que antes.

El muchacho nadaba con todas sus fuerzas. Y centímetro a centímetro,paso a paso, la enorme masa del enemigo retrocedió, despejándole el camino.Era como si un taladro atravesara lo más duro de una roca maciza.

La primera vez que su mano tocó la boya, perdió el asidero y el oleaje le apartó de él. Pero entonces tuvo la fortuna de que otra ola le empujara hacia delante y, cuando parecía que su pecho iba a chocar con el borde de hierro, lo alzó y con un solo movimiento lo depositó sobre la boya.

Shinji aspiró hondo, y el viento que penetraba por su boca y sus fosas nasales casi pareció asfixiarle. En aquel instante le pareció que jamás podría respirar de nuevo, y durante un rato incluso se olvidó de la tarea que debía realizar.

La boya giraba y oscilaba, entregando generosamente su cuerpo al negro mar. Las olas inundaban sin cesar la mitad de su superficie,derramándose de una manera tumultuosa.

Tendido de bruces para que el viento no le derribara, Shinji empezó a desatarse la cuerda enrollada a la cintura. El nudo estaba mojado y era dificil aflojarlo. Cuando por fin consiguió desatarlo, empezó a tirar del merlín.

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