Página — Literatura Sin nivel (pág. 71)
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Cuando por fin comprendieron la situación, los tres jóvenes palidecieron. Uno de los cuatro cables que sujetaban el buque a la boya había cedido, y nadie podia garantizar que el cable y las dos estachas que quedaban no se rompieran también en cualquier momento.
—Hay que decírselo al capitán—dijo Yasuo, apartándose de las bitas.
El joven avanzó a paso de tortuga, buscando asideros, cayó al suelo varias veces y siguió adelante a tientas, hasta que llegó al puente e informó al capitán.
El fornido capitán no perdió la calma, o por lo menos aparentó no hacerlo.
—Bueno, entonces usaremos una cuerda salvavidas. El tifón ha llegado a su apogeo a la una, así que ahora no hay peligro alguno si empleamos una cuerda. Alguien puede nadar hasta la boya y atar la cuerda salvavidas.
Dejando al segundo oficial en el puente de mando, el capitán y el primer oficial siguieron a Yasuo. Como ratones que tirasen de un pastelillo de arroz, enrollaron y cargaron, arrastrándolos paso a paso, una cuerda salvavidas y un merlin nuevo, desde el puente hasta las bitas de la proa.
Shinji y el marinero los miraron con expresión inquisitiva.
El capitán se inclinó por encima de ellos y gritó a los tres jóvenes:—iQuién de vosotros va a llevar esta cuerda para atarla a la boya?El rugido del viento cubrió el silencio de los muchachos.
—;Es que ninguno de vosotros tiene redaños? —gritó de nuevo el capitán.A Yasuo le temblaban los labios. Hundió el cuello en los hombros.
Entonces Shinji gritó algo en un tono alegre, y al hacerlo la blancura de sus dientes brilló en la negrura y reveló su sonrisa.
—Yo lo haré —dijo con claridad.
jMuy bien!jAdelante!
Shinji se levantó. Le avergonzaba haber permanecido acuclillado en la cubierta hasta entonces, casi como encogido de miedo. De las negras profundidades de la noche surgió el viento y le golpeó de lleno, mas para Shinji, acostumbrado al mal tiempo en un pequeño barco de pesca, la oscilante cubierta sobre la que sus pies estaban bien afianzados no se diferenciaba de un trozo de tierra, aunque, desde luego, un poco desquiciado.
El muchacho prestó atención a los ruidos de la tormenta. El tifón se encontraba directamente encima de la hermosa cabeza del muchacho. Para Shinji era tan razonable que le invitaran a participar de aquel banquete de locura como que le hubieran invitado a una siesta tranquila y natural por la tarde.
El sudor le corría tan copiosamente bajo el impermeable que tenía empapados la espalda y el pecho. Se quitó el impermeable y lo arrojó a un lado. Su figura descalza vestida con camiseta blanca se hizo visible en la negrura de la tormenta.
Siguiendo las instrucciones del capitán, los hombres ataron a las bitas un extremo de la cuerda salvavidas y el otro al merlín. La operación,obstaculizada por el viento, avanzaba lentamente.
Cuando por fin las cuerdas estuvieron atadas, el capitán tendió a Shinji el extremo libre del merlín y le gritó al oído:
Merlín: en náutica es el cabo delgado de cáñamo alquitranado, que se emplea a bordo para cosiduras.
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