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Página — Literatura Sin nivel (pág. 114)

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Página 114 de Arguedas, entre el fuego y el amor : textos seleccionados para estudiantes de Educación Básica · 2021
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Era un preso aprista que me habia odiado sin conocerme y sin haberme hablado nunca. Lo examiné detenidamente, extrañado, casi aturdido. Crei que al oír la "Marsellesa", entonada por esos pestilentes muros, me rechazaria aún más. Sabía que era un hombre del Cuzco, de la misma lengua que yo.

-jAdiós! -me dijo-. jAdiós!

Yo me quedé aún más sorprendido.

iDe quién se despidió? Levantó la mano. Y desfilamos hacia el fondo de la prisión, uno a uno.

Recomenzaron el canto. Me acordé de los gallos de pelea de un famoso galpón limeño. Cantaban toda Ia noche sin confundirse ni equivocarse jamás. iCómo sabian en qué instante le tocaba su turno a cada uno? Los presos del Sexto también, en sus distantes celdas, seguían las notas de los himnos sin retrasarse o adelantarse, al unisono, como por instinto. Los guardias y"soplones"que nos custodiaban aparentaban calma; nadie sonrió ni maldijo.

Me tocó de compañero de celda, aquella noche, Alejandro Cámac,un carpintero de las minas de Moronacocha y Cerro, excampesino de Sapallanga.

Prendió una vela en cuanto me echaron a su celda. Tenia un ojo empequeñecido por la irritación de los párpados. Daba la impresión de ser tuerto. Su ojo izquierdo, que nadaba en lágrimas, parecia inerte.

-iQuién es usted, señor? -me preguntó.

Le dije mi nombre.

-jTe conozco! -exclamó-. Han hablado de ti acá. Suerte que haiga sido yo tu compañero para vivir en el Sexto. jSuerte mia!

-jSuerte mia! -le dije.

Era más de la media noche.

  • Nunca se me cura este ojo -dijo, cuando comprendió que lo observaba.

Se levantó de la cama, un colchón de paja reforzado con periódicos. Se puso de pie.

  • Mataremos los chinches -dijo- aunque son sonsitos. Después tenderemos tu cama.

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