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Los niños (fragmento) — sueños compartidos y viaje al Atlántico

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Página 155 de Antología literaria 4 · 2020
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El fragmento narra cómo un grupo de niños con identidad colectiva y sobrenatural (sueños, errores y dibujos idénticos) supera el agobiante verano gracias a una donación que les permite viajar juntos al Atlántico, soñando todos lo mismo.

📚 theory literatura ⭐⭐⭐ Dificultad 3/5 ⏱ 6 min lectura

Solución — Página 155

Antología literaria 4 · 2020

Lectura

El fragmento pertenece a un relato de realismo mágico protagonizado por niños que parecen ser uno solo: comparten sueños, cometen los mismos errores, tienen letra idéntica y sienten las mismas emociones. La señorita Fabia Hernández los observa con asombro.

En la clase de dibujo, en lugar de imaginar objetos distintos, todos dibujan alas y escriben en el pizarrón: «Sentimos las alas, señorita» — imagen central del texto que alude a la libertad, la infancia y lo sobrenatural.

El verano se convierte en calvario: el calor, la siesta y el asfalto los aprisionan. Una donación inesperada los libera: irán al mar. Las maestras les muestran en el mapa el punto azul junto al Atlántico. La noche antes del viaje, todos sueñan lo mismo. La partida del tren, con pañuelos agitándose como palomas, queda registrada en los diarios.

Análisis literario

Tema central: La identidad colectiva y la magia de la infancia compartida.

Temas secundarios:

  • Libertad vs. restricción (alas / siesta)
  • La inocencia frente al mundo adulto
  • El sueño como espacio de unión

Recursos literarios:

  1. Símil: «los pañuelos se agitaron… como una bandada de palomas» — viaje como vuelo colectivo.
  2. Símbolo: Las alas representan deseo de libertad y naturaleza sobrenatural de los niños.
  3. Hipérbole: «durante un tiempo alarmante» — énfasis en la rareza del comportamiento.
  4. Anáfora: «Ninguno tenía inconveniente… Ninguno tenía inconveniente» — refuerza identidad colectiva.
  5. Ironía suave: Las maestras los acusan de copiarse; al verificar, comprueban que se equivocaron.

Glosario

  • Rezongar: protestar o refunfuñar en voz baja.
  • Pitos catalanes: silbidos burlones y estridentes usados para molestar.
  • Púdico: recatado, modesto.
  • Amainara: disminuyera (referido al calor o al viento).
  • Retozar: jugar y brincar alegremente.
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Preguntas que la gente también hace

¿Qué simbolizan las alas en el fragmento narrativo?
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¿Por qué todos los niños tienen los mismos sueños y comportamientos?
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¿Qué características del realismo mágico aparecen en este texto?
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¿Qué representa el viaje al Atlántico para los niños del relato?
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¿Cómo reaccionan las maestras ante el comportamiento idéntico de los niños?
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📌 Antes de leer esto
  • Conocer los elementos básicos del cuento: narrador, personajes, espacio, tiempo.
  • Nociones de realismo mágico como corriente literaria latinoamericana.
  • Ver páginas anteriores del libro para contexto del género literario.
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pág. 156
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 2865 caracteres

La señorita Fabia Hernández fue la primera en advertir que los ninos tenían los mismos sueños; que cometían los mismos errores en los cuadernos y cuando les reprochó el no tener personalidad sonrieron dulcemente,cosa que no era habitual en ellos.

Ninguno tenía inconveniente en pagar por las travesuras de su compañero.Ninguno tenía inconveniente en ver premiado por mérito suyo a otros compañeros.

En varias oportunidades las maestras acusaron a uno o a dos de ellos de hacer los deberes del resto de los alumnos, pues de otro modo no se podia explicar que la letra fuera tan parecida y las frases de las composiciones tan idénticas. Las maestras comprobaron que ellas se habian equivocado.

Cuando en la clase de dibujo, la profesora, para estimularles la imaginación, les pidió que dibujaran cualquier objeto que sentían, todos dibujaron, durante un tiempo alarmante, alas, cuyas formas y dimensiones variaban al infinito sin restar, según ella, monotonía al conjunto. Cuando se les reprendió por dibujar siempre lo mismo, rezongaron y, por uúltimo,escribieron en el pizarrón: "Sentimos las alas, senorita》.

Sin incurrir en un irrespetuoso error, icabría decir que eran felices?Dentro de lo que pueden serlo niños con sus limitaciones, todo induce a creer que lo eran, salvo en verano. El calor de la ciudad pesaba sobre las maestras. A la hora en que a los niños les gustaba correr, trepar los árboles, retozar en el pasto o bajar rodando las barrancas, la siesta, la temida costumbre de la siesta, reemplazaba los paseos. Cantaban las chicharras,pero ellos no oian ese canto que vuelve el calor más intenso. Vociferaban las radios, pero ellos no oían ese ruido que vuelve intolerable al verano, con su asfalto pegajoso.

Perdian las horas esperando a la zaga de las maestras, con pantallas,que bajara el sol o que amainara el calor, haciendo cuando los dejaban solos involuntarias travesuras como llamar desde el balcón a algún perro que al ver tantos posibles amos simultáneos daba un salto delirante para alcanzarlos, o con pitos catalanes provocaban la ira de alguna señora que tocaba el timbre para quejarse de tanta insolencia.

Una inesperada donación permitió que fueran a veranear al borde del mar. Las ninas confeccionaron ellas mismas púdicos trajes de baño; los niños adquirieron los suyos en una tienda económica, cuyos géneros olían a aceite de ricino, pero que eran de corte moderno, de esos que caen bien a cualquiera.

Para dar más importancia al hecho de que veranearan por primera vez, las maestras les mostraron con un puntero, sobre el mapa, el punto azul, junto al Atlántico, hacia donde viajarian.

Soñaron con el Atlántico, con la arena, todos el mismo sueño.

Cuando el tren partió de la estación, los pañuelos se agitaron en las ventanillas como una bandada de palomas; esto lo registra una fotografia que salió en los diarios.

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