Se fue por el bosque y regresó a la media noche, cargando un venado rojo, que arrojó ante su
socio diciéndole:
—Toma: haz la comida.
El venado blanco, temblando de miedo y de horror, preparó la comida, pero no probó ni un
bocado de ella. Todavía más: ni siquiera durmió en toda la noche. Temía que su feroz compañero
sintiera hambre.
Al día siguiente le tocó al venado blanco buscar la comida y se fue por el bosque. ¿Qué haría?
Encontró un tigre dormido, un tigre más grande que su compañero, e imaginó un plan. Buscó al
oso hormiguero, que es muy forzudo, y le dijo:
—Alli hay un tigre dormido, Estaba diciendo que tú no tienes fuerza.
Eloso hormiguero fue calladamente hacia el tigre, lo apretó entre sus poderosos brazos y lo ahogó.
El venado blanco arrastró el tigre muerto hasta la casa y dijo, poniéndolo ante los pies del tigre
negro, despreciativamente:
—Toma, come: eso es lo poco que pude encontrar.
El tigre negro no dijo nada, pero se quedó lleno de recelo. No comió nada tampoco. En la noche
no durmió ninguno de los dos. El venado blanco esperaba la venganza del tigre negro y este
temía ser muerto como lo había sido otro tigre mayor.
Ya de día, ambos se caían de sueño. La cabeza del venado blanco golpeó la pared que separaba las
habitaciones. El tigre negro creyó que su compañero iba a atacarlo y echóse a correr. Pero hizo ruido
con sus garras y creyendo el venado blanco igual cosa del otro, salió también precipitadamente.
Y la casa quedó abandonada
(Ciro Alegría Fuente: https/albalearning.com/
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