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Colección Sk´asolil. Múltiples lenguajes.   Libro de Educación Secundaria Grado 2°  Ciclo Escolar 2025 - 2026

Página — Multiples Lenguajes 2° Secundaria (pág. 151)

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Esa tarde no supe qué más decir y Karla no supo a qué más jugar, asíque se despidió con el movimiento desganado de su mano antes de cruzar la puerta y volvió a su casa.

Otra cosa que me encantaba era el balcón, pero no podia estar ahímucho tiempo porque para llegar a él tenia que entrar al cuarto de mis papás. Ellos tenian la mejor vista. Desde ahí arriba podian observar toda nuestra cuadra, mientras mis hermanos y yo, abajo, no veiamos más que la negrura que quedaba cuando se apagaban las luces, en un lugar que entonces parecia muy grande. Aun asi, desde mi ventana podia ver muchas cosas aunque en realidad no las viera. Con sonidos, con luces a lo lejos, con vidrios que temblaban anunciando el tren o una próxima lluvia. Por eso aquella noche me di cuenta de todo.

Doña Mari gritaba, lo sé porque a mi cuarto se colaba su voz como lo hacian los ventarrones. Yo escuchaba que decia perdón muchas veces y lloraba y lloraba a jadeos interrumpidos por rugidos. Estaba segura de que era Mari, toda ella y toda su voz de tormenta, que sonaba a viento,truenos y agua, pero más triste. Atenta, asomada al pasillo, oí bajar a papá. Quise ver un poco más y me escurrí de puntitas hasta las escaleras,lo seguí con la mirada mientras bajaba, cargando en su mano algo que brillaba en medio de la negrura y el frío de esa casa. Papá abrió la puerta que daba al patio y después la de la calle. Yo corrí en silencio hasta el sillón de la sala. Parada en él podia ver todo por la pequeña ventana.

Parecia un juego, uno muy raro. Me recordó a Los Gallitos, ése en el que cada jugador debia cuidar bien su globo para que no tronara, mientras buscaba reventar el de algún otro. Y la gente de afuera los ve y se rie, grita o aplaude mientras espera un ganador para ir a festejarlo. Pero esa noche nadie aplaudia ni gritaba ningún nombre para prevenirle a su dueño, sólo observábamos un poco las cortinas. Los ojos de la señora de la tienda y los de las casas de enfrente, también mis ojos. Nos veiamos todos en la oscuridad, como gatos parados en las bardas, silenciosos y ligeros; era como estar y no estar ahí.

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Mariana Reyes Santiago, EsTaoo oE wExico

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